miércoles 24 de junio de 2009

GRACIAS A LA VIDA

domingo 24 de mayo de 2009

ESCENAS DE LIMA

Por Juana Manuela Gorriti
Charla Femenil

Espiritual, picante, y con toda la sal del Ática es la de las lindas amigas que sentadas en corro al lado mío, platican sobre las cosas más halagüeñas de la vida, en tanto que yo escribo lúgubres frases. Sus frescas risas, sus graciosos dichos, mezclados al sombrío cuadro que traza mi pluma, parécenme esos blancos lirios que la primavera abre entre las grietas de los mármoles sepulcrales. Pero así como estos perfuman el cementerio, aquellos derraman su alegría donde, hace tanto tiempo, habita el dolor.
Mas, he aquí la reina de la elegancia, la bella ** que llega con un vestido de gro negro, cuya larga cola está adornada de pequeños volantes orlados de raso granate que se pierden en las bandas de la misma tela y color, colocadas a cortos espacios veladas con tul en el delantal. El peto del mismo raso, cubierto de tul negro, lleva en su parte superior un rizado de tul blanco que rodea el cuello.
La que con tanta gracia lleva este elegante vestido, está peinada de castaña y pequeños rizos sobre la frente, ocultos a medias con una echarpa chantillí, cuyas largas puntas flotan a la espalda.
La sombrilla, complemento de ese gracioso atavío es de las mismas estofas y colores que el vestido; y su mango de ébano tiene incrustados ocho carbunclos.
A la aparición de este tipo de elegancia, las parlanchinas enmudecen un momento para examinarla con curiosas miradas, y luego prorrumpen en exclamaciones y preguntas sin fin.
-¡Qué bien se viste usted!
-¡Con qué gracia!
-¡Con qué chic!
-¿Por qué las modistas varían siempre para usted la moda?
-Será porque yo corrijo a las modistas y no las permito vestirme a su gusto sino al mío.


Una bandada de mariposas
Han invadido, de súbito, mi cuarto, arrancando la pluma de mi mano, y obligándome a volverme para mirarlas.
Estaban bellas. Con sus vaporosos vestidos blancos adornados con lazos, unos azules, otros color de rosa, ligeras, risueñas y juguetonas, semejaban en efecto a esas aladas flores del espacio.
-Papeles a la imprenta, mi vida, y vamos al teatro -exclamaba una.
-Esta noche es el beneficio de la señora Felices, y representan de Los amantes de Teruel.
-Mi ideal es Marcilla. Así, mañana me parecerán vulgares todos los hombres.
-¿Hasta Octavio?
-¡Ah! él se le parece: ¡es bello, rendido y espiritual!
-¿Quién es esa maravilla?
-Mi novio, señora; y si vienes con nosotras al teatro, tendrá el honor de serle presentado.
-Consiento a condición de mostrarme su retrato.
-El retrato de un buen mozo da siempre gusto de ver.

Memento

Mucho es para la humanidad, eternamente afanosa en pos del placer, a fin de ocultar su hereditaria dolencia, mucho es consagrar al dolor una de las trescientas sesenta y cinco jornadas que el año encierra. Por ello, necesario es tenerlo en cuenta.
Desde la víspera del día dedicado por la Iglesia a la conmemoración de los muertos, largas caravanas de peregrinos, saliendo por la portada de Maravillas, dirígense a esa blanca metrópoli que yace bajo la fronda inmóvil de los cipreses. Llegan; la cercan, y esperan con palpitante impaciencia. Apenas la grande verja se abre, penetran en el fúnebre recinto, y lo invaden en toda su extensión, llevando los ardientes rumores de la vida al helado silencio de la muerte.
Óyese por todas partes algo como el ruido de puertas que se abren. Diríase el matinal despertar de una ciudad. ¿Qué es eso?
Son los vivos que abren las puertas de los sepulcros; unos para regarlos con lágrimas; otros para cambiar con frescas flores la triste yerba del olvido.
Allí van los bomberos, apuestos mancebos, llevando con gracia su brillante uniforme, y anudado al brazo el crespón de duelo. Detiénense ante los mausoleos de sus compañeros; órnanlos con guirnaldas de flores; y en sentidos discursos ensalzan las virtudes de aquellos que en el cumplimiento del deber murieron.
Grupos de hermosas jóvenes en busca de sus amigas, muertas, recorren las líneas de epitafios, leyendo entre suspiros, sollozos y dolorosas exclamaciones; ¡Delia! ¡Elisa! ¡Emilia! ¡Rosa! ¡María! ¡Leonor! ¡Clorinda! nombres armoniosos, radiantes de poesía y de vida, que, sin embargo ¡ay! no son ya sino una memoria, un eco lejano de las beldades que los llevaron:


«Ángeles que un mundo infortunado
por la inmortal morada abandonaron
y su inocente labio separaron
del cáliz de la vida acibarado».

EXILIO Y PERTENENCIA

Por Santiago Silvester

La vida de Juana Manuela Gorriti fue tan ajetreada y novelesca que amenaza con convertirla en personaje y tapar a los lectores su obra literaria. De hecho, su vida ha sido materia de una novela[1], y su biografía ha circulado oralmente más que sus escritos. Esto, en principio, puede ayudar a conocer su literatura, pero la transformación del escritor en personaje tiene el riesgo de lo no querido (al menos, no querido por ningún escritor): que se priorice su vida en perjuicio de su obra.

Porque Juana Manuela Gorriti fue realmente un personaje: en parte a su pesar, ya que ella no mandó en su vida más que otras personas, y en parte porque, muy propio del siglo en que vivió, tenía un sentido refinado en torno a la excepcionalidad de vivir, una conciencia lúcida, más atenta que la de muchos de sus contemporáneos, de estar en la fundación de la modernidad americana. Esto hizo, inevitablemente, que sus gestos, sus decisiones y sus expresiones literarias estuvieran impregnados de historia: la sensación de estar haciéndola o, al menos, de estar situada en un palco avancé que le daba un protagonismo excepcional: el de ser testigo y parte fundamental del decorado.

Su vida abarcó intensamente casi todo el siglo XIX: nació en 1818, cuando las guerras de la Independencia eran todavía una referencia palpable, con todos sus protagonistas (los vivos y los muertos) dando vueltas por el paisaje, y murió en 1892, cuando el proyecto cosmopolita de la generación del '80 hacía sentir sus efectos contradictorios en el país. Entre ambas fechas extremas, le tocó las consecuencias de la lucha entre unitarios y federales, el exilio, la suerte compleja de estar cerca del poder en esa América violenta, la pobreza en patria ajena, la fama y finalmente la repatriación: vale decir, la gama completa de las posibilidades del siglo XIX en esta parte del mundo.

Y por si fuera poco vivir de cerca las peripecias de un siglo complejo, se dio maña y tiempo para escribirlas, dejar testimonio de su paso por la época que le tocó, y por los lugares alternativos de residencia, a donde fue a parar no siempre por elección.

Nació en Horcones (que ella se empeñó en escribir siempre sin h)[2], en el Departamento salteño de Anta, el 15 de junio de 1818. Era hija de Feliciana Zuviría, salteña, y de José Ignacio Gorriti, nacido en Jujuy y fuerte hacendado en Salta, donde era dueño precisamente de la finca Horcones, situada en lo que entonces se conocía como “la frontera”. De este matrimonio nacieron ocho hijos, de los que Juana Manuela era la penúltima.

Resulta interesante hacer un rápido repaso a su entorno familiar[3] porque, mejor que cualquier comentario, explica la ubicación privilegiada que le sirvió para vivir a fondo su época; aunque tal privilegio no le sirviera para suprimir dolores sino, en todo caso, para hacerlos más espectaculares.

Provenía de una familia poderosa, con grandes extensiones de tierra en Salta y Jujuy, que se incorporó tan decididamente a las guerras de la Independencia que perdió en ellas toda su fortuna. La saga familiar de su padre y sus tíos ilustra muy bien eso que, un poco tópicamente y al voleo, suele designarse como patriotismo, y que tal vez no sea otra cosa que coherencia con los propios ideales, sensación de pertenecer a un sitio y honorabilidad. Su padre José Ignacio y su tío José Francisco, conocido en la región como Pachi Gorriti (que ella se empeñó en escribir siempre Pache[4]), tuvieron una destacada actuación militar al lado de Güemes, interviniendo lanza en mano en casi todas las batallas (ha entrado en la leyenda regional el arrojo del Pachi Gorriti en la lucha cuerpo a cuerpo de la época), y también fueron protagonistas importantes de la política cuando la Independencia pareció consolidada. A su vez el canónigo Juan Ignacio, hermano de los nombrados, fue miembro de la Junta Grande de Gobierno y le tocó bendecir en Jujuy la bandera de Belgrano.

José Ignacio Gorriti fue, en 1816, delegado por Salta al Congreso de Tucumán, y firmante por lo tanto del Acta de la Independencia el 9 de julio de ese año. Fue gobernador de Salta; y en 1831 tuvo que exiliarse a Bolivia porque, siendo un convencido unitario, su vida y la de su familia corrió peligro cuando Quiroga venció en Tucumán. También en esta etapa del país, la familia Gorriti resumió el drama de la guerra civil, porque así como José Ignacio era unitario, sus dos hermanos se embanderaron por la causa federal. Al llegar a Tarija, el padre de Juan Manuela “no tenía ni una cuchara”, según la expresión de su cuñado Facundo Zuviría: la guerra, y su apuesta a fondo por el país naciente, se lo habían comido todo.

Hay una curiosa anécdota de cuando era gobernador de Salta que explica las razones de por qué este hombre decidido y honesto encontró “difícil hospitalidad” (en palabras del citado Torino) cuando tuvo que exiliarse en Bolivia. Había llegado a Salta, en 1828, un enviado del gobierno boliviano, el general Pérez de Urdininea, quien pidió entrevistarse con el gobernador. Tres años antes Urdininea había desertado de la división argentina que operaba en el Alto Perú a las órdenes del general Arenales para pasarse al ejército de Bolívar, de modo que, en las pujas internas de la época, había hecho algo que fue entendido como una traición; y su pedido de audiencia fastidió enormemente a Gorriti, sobre todo porque no podía negársela. La escena de esta audiencia está muy bien contada por Bernardo Frías en su Historia del general Güemes y de la Provincia de Salta, de modo que lo mejor es su transcripción directa:

“Hallábase Gorriti con otras personas en el despacho y preguntó al oficial de órdenes: —¿Viene solo? (refiriéndose a Urdininea).

—Sí señor, solo.

—Vuelva usted y fíjese bien si viene solo: no puede venir solo.

Volviendo el oficial después de cumplida la comisión, dijo: —Viene solo, señor.

—No puede ser —agregó Gorriti con toda gravedad—. Vuelva usted y fíjese bien, y cuente cuántos son los que lo acompañan.

Los circunstantes aumentaban su asombro y curiosidad a medida que se sucedían estos pasos; y cuando regresando por tercera vez el oficial de órdenes aseguró que nadie más estaba, el doctor Gorriti sin replicar más, se levantó de su asiento, puso tres sillas delante, formando en la rueda, y dijo al ordenanza:

—Diga usted a esos señores que pasen.

Cuando el diplomático se mostró a su presencia, el gobernador, cortés y gravemente, lo saludó diciendo:

—Tomen ustedes asiento, señores.

Escena tan extraña causó supremo asombro a los concurrentes; así fue que cuando el enviado, a quien Gorriti continuó pluralizando, se retiró, le preguntaron por qué había tratado como si fueran tres, siendo uno el general Urdininea; a lo que el gobernador repuso:

—Porque el coya nunca está solo; siempre hay en él tres personas: la mentira, la mala fe y el coya”.

Este desplante, con el exabrupto racista que incluye, le costó a Gorriti bastante caro, porque el propio Urdininea, al enterarse de la afrenta, se encargó de hacerla saber a sus connacionales; de modo que cuando Gorriti se refugió en Tarija encontró cerradas casi todas las puertas. Es lo que se conoce como “devolución de atenciones”.

Para Juana Manuela, en cambio, el exilio en Bolivia significó entrar en lo que iba a ser una vida apasionante. Es cierto que, con el transtierro, perdió la comodidad de llevar una existencia más o menos tranquila: para ese entonces, estando ya exhausta la fortuna familiar, la de la “pobreza digna” de las provincias del norte. Pero en cambio, esta modificación de situación, y la necesidad de acomodarse al nuevo paisaje y a las nuevas relaciones personales, le significó un crecimiento casi instantáneo y un afianzamiento de la personalidad fuerte y sin temor a la vida que iba a ayudarla a sobresalir como mujer en un mundo de hombres. Tenía sólo trece años, pero la vida áspera de entonces no daba tiempo para agotar etapas intermedias: había que pasar de la infancia a la adultez, sin demorarse en crecer ni en resolver problemas de adolescencia. Se podría decir, haciendo un insulso juego de palabras, que si de algo se adolecía era precisamente de adolescencia, y Juana Manuela rápidamente debió entender que ya era (necesitaba serlo) una mujer íntegra, apta para encargarse de su propio destino.

Al año siguiente de su llegada a Tarija, se casó con el capitán boliviano nacido en La Paz, Manuel Isidoro Belzú, un hombre despótico y brutal (como atenuante podría decirse que más o menos así eran casi todos los de entonces) que el escritor peruano J. M. Torres Caicedo, recuerda de este modo en el prólogo de Sueños y realidades: “En aquella república (Bolivia) existía un hombre de triste celebridad en América, a quien se conoce con el nombre de Isidoro Belzú. Y fue a ese hombre a quien tocó la alta dicha de ser el esposo de tan cumplida mujer. Cierto escritor, al hablar de madame de Girardin, ha dicho: 'Su único defecto es su esposo...' aquella frase parece preparada cuando se habla de la señora de Gorriti y de Belzú”. El carácter tempestuoso de este hombre estuvo presente en los actos más destacados de su vida; a modo de ejemplo puede reseñarse que, cuando Juana Manuela lo conoció en Tarija, Belzú era una especie de castigado personal del presidente de aquel país, el general Santa Cruz. También son ejemplos de lo mismo su trayectoria militar y su muerte: después de tener parte en las luchas de la época, y de llegar a participar activamente en casi todos los acontecimientos políticos y militares de su país, tuvo el extraño destino de alcanzar la presidencia de Bolivia y ser muerto de un tiro en el salón del palacio de gobierno por Mariano Melgarejo, quien sería su sucesor. Había llegado al poder proclamándose a sí mismo dictador, después de vencer al general Velasco, presidente del país, en la batalla de Yamparaz, en 1848: años después pudo cambiar este título por el de presidente. Con este hombre, Juana Manuela tuvo dos hijas, Edelmira y Mercedes; y después de separarse de él tuvo dos hijos más, Clorinda y Julio: éste último, según consta en el acta de defunción archivada en el Registro Civil de Buenos Aires, era hijo de Julián Sandoval y murió en esta ciudad en 1894 a los treinta y nueve años. Todo indica que el matrimonio con Belzú se deterioró rápidamente, pero tardaron catorce años en separarse. Las razones de este fracaso no han sido registradas sino como conjeturas (caracteres fuertes de ambos y decisión de no ceder ninguno terreno), pero hay que destacar que, cuando a ella le tocó escribir pasajes autobiográficos, cubrió siempre con pudor y elegancia las desavenencias con su marido. Inclusive, cuando Belzú murió trágicamente, ella escribió una larga y elogiosa semblanza sobre su personalidad (al parecer, más dictada por la emoción del momento que por los hechos), sin decir otra cosa, en relación con su matrimonio, que “allí (en Tarija) Belzú conoció, amó y se unió en matrimonio con una hija del general Gorriti, emigrado argentino. Demasiado jóvenes ambos esposos, no supieron comprender sus cualidades ni comprender sus defectos; y aquellas dos existencias se separaron para no volver a reunirse sino en la hora suprema al borde del sepulcro”.

También le tocó a la Gorriti, por esa época, hacerse cargo de su destino literario. Había tenido en un colegio de monjas una formación bastante buena. Ella misma cuenta el trauma que le significó la decisión paterna de sacarla de la finca Horcones y enviarla a un colegio de Salta, bajo la terrible mirada de una mujer a la que describe así: “Hicieron venir de Salta a máma Dolores para que me llevara. Era ésta una hermana natural de mi abuelo; pero más lo parecía de Luis XIV, tal era su orgullo y la aristocrática arrogancia de su porte. Alta y seca persona de cincuenta años, de ojos pardos, abultados y saltones, de grande y corva nariz a la que se adhería, por medio de un profundo canalete que hendía su labio superior, una boca a la vez severa y desdeñosa...”; y agrega: “¡Ay de quien ella aborrecía! pero ¡Ay también de aquel a quien amaba!”. No es difícil conjeturar que, con una persona así encargada de su educación, ésta tiene que haber sido torturante, pero eficaz. Cualquiera haya sido el estímulo, lo cierto es que al llegar a su rápida adultez ya tenía cubierto un terreno de su formación, y esto ayudó a su decisión de convertirse en escritora. Le facilitó la llegada a la literatura, y pudo escribir La Quena (formalmente, una nouvelle), publicada en la La Revista de Lima, a sus veintisiete años, en 1845, lo que le valió para ser considerada como la primera novelista de Latinoamérica.

En 1848 resolvió irse a vivir a Arequipa, Perú, con sus hijos. Allí mantuvo sola el hogar, pobre y dificultosamente; de modo que cuando Belzú asumió la presidencia de Bolivia, en 1855, y reclamó sus hijas a su lado, ella se las envió con el convencimiento de que no podía privarlas de lo que parecía ser un futuro promisorio y feliz. Ella misma, dos años después, volvió a La Paz, pero tuvo que marchar de nuevo cuando, a la muerte de Belzú, y a pesar de que estaban separados, pareció riesgoso quedarse en Bolivia con el sanguinario general Melgarejo en el gobierno. La muerte de Belzú tuvo todos los componentes de la tragedia clásica: cruel, escenográfica e inevitable. Melgarejo había sido un viejo enemigo personal de Belzú, enfrentados a lo largo de dos décadas; un día se hizo presente en el palacio de gobierno, Belzú lo reconoció de lejos, se acercó a recibirlo, imaginando que su antiguo adversario se había tomado un respiro en su ensañamiento, y hasta intentó darle un abrazo; pero Melgarejo sacó una pistola, le encajó una bala en la sien, y se alzó con el gobierno de Bolivia.

El futuro no fue, pues, ni promisorio ni feliz para las hijas de Belzú que, con el trágico vaivén de la historia americana, pasaron de ser mimadas por el poder a vivir exiliadas en Lima. Juana Manuela se dedicó allí a la enseñanza, llevó una vida modesta, pero supo vincularse en el mundo intelectual limeño y, con el tiempo, abrió en su casa una tertulia literaria, donde también tenía acogida la otra gran pasión de esta parte del mundo: la política; y no podía ser de otro modo si se considera que buena parte de los asistentes eran agentes o pacientes de la agitada historia del momento. Además, el temperamento combativo de Juana Manuela no le permitió nunca quedarse al margen; y así, no bien llegada a Lima, participó como enfermera en el combate de El Callao, contra el ejército chileno, el 2 de mayo de 1866, y fue condecorada por su actuación. El gobierno peruano le entregó un galardón que ella misma describe: “una estrella de rayos rojos con esmalte y centro de oro con un castillo y esta leyenda en torno: Dos de Mayo de 1866 y en el reverso, también un castillo con esta otra: 50 cañones contra 300".

Su integración a la vida peruana fue total; amó intensamente ese país, donde terminó viviendo treinta años. El escritor peruano Abelardo M. Gamarra, en el prólogo al libro póstumo de la Gorriti, Lo íntimo, deja escrito este testimonio: “Quería al Perú con toda su alma, sentía profundamente sus desgracias; se desesperaba con el odio de sus hombres y las divisiones reinantes, sin que jamás se le escapara nada injurioso para nadie”. Y cuenta esta anécdota que refleja su implicación:

“Un chileno, de los que mejor acogida había tenido en el país, y más favores habían merecido, al segundo día de la entrada en Lima (se refiere a la entrada del ejército chileno) se presentó en casa de la señora Gorriti. La señora lo recibió de pie.

—Señora...
—Para servir a Ud.
—¿No me conoce?
—No, caballero.
—¿No me conoce Ud?
—No puedo conocer a quien vuelve con la espada desenvainada al país que en su desgracia le brindara hospitalidad.
El oficial dio media vuelta y la señora le volvió las espaldas”.

Esta actitud de franca solidaridad, y de interés por los avatares del Perú, le granjeó la simpatía de la dirigencia política e intelectual del momento; de modo que, cuando decidió abrir en su casa la tertulia literaria, su integración ya era total y la respuesta fue amplia e inmediata. Por allí desfilaron los escritores más renombrados del Perú, como Ricardo Palma, con quien la unió una amistad que duró toda la vida, y de quien recibió influencia en sus estampas de costumbres (queda un interesante intercambio epistolar, cuando mucho después Juana Manuela resolvió volver a vivir a Buenos Aires), Clorinda Matto de Turner, Carolina Freyre de Jaimes, madre de Ricardo, el poeta boliviano que estuvo radicado largo tiempo en Tucumán, etc. Precisamente la Matto de Turner, al día siguiente de la muerte de Juana Manuela, publicó en el diario Los Andes, de Lima, una extensa noticia de la vida y obra de la escritora; y de Carolina Freyre queda un testimonio, muy valioso porque no es complaciente, publicado en la misma ocasión en el diario La Nación, de Buenos Aires. Allí habla de la seducción que ejercía su conversación, de su militancia política, o al menos de sus inocultables opiniones, de su fuerza y optimismo para enfrentar, y hacer buena, lo que había sido una vida adversa; y a la vez habla de su “carácter, que en ocasiones era frívolo y risueño, o romántico y apasionado, o tornadizo y voluble, pero siempre inclinado a la lisonja exagerada, (que) le valió algunos detractores”. Describe sin ambages una personalidad potente y contradictoria: “ese espíritu vasto, esa naturaleza esencialmente poética, tenía en secreto un culto que hábilmente disfrazaba: el culto a sí misma, el de sus eminentes cualidades”. A través de estas palabras podemos adivinar en Juana Manuela a la mujer formada en el infortunio, apartada de la vida fácil, más o menos cómoda, a la que pareció destinada tanto en Salta como en Bolivia: un carácter que debió sobreponerse a varios golpes de la suerte, y que, como suele ocurrir en estos casos, se fue encalleciendo con cada adversidad, hasta encontrar el temple necesario para hacerse valer.

A las dificultades que le ocasionó la vida política, hay que reseñar, ya que ella misma lo hace, las que debió enfrentar por su condición de mujer. El siglo XIX americano, a la vez que convirtió en heroínas a una verdadera legión de mujeres (algunas conocidas y la mayoría anónimas), que las lanzó a guerras, o las probó y endureció en arduas tareas de supervivencia, las postergó a un plano secundario (en lo social, político, cultural, etc.) y les obstruyó el acceso al mando y a la palabra. Podían luchar, trabajar y morir en esa lucha, pero la opinión final no era suya, ni tampoco las grandes decisiones; y una mujer como Juana Manuela Gorriti, que no pensaba ceder su puesto a nadie, tuvo que enfrentarse duramente, y sola, con una estructura inflexible que pretendía excluirla. Gran parte de su militancia consistió en enfrentarse al destino que la época le tenía previsto. Por eso al final de su vida pudo decir: “Nada hay más despiadado para una mujer como su sexo”.



A su incansable vida laboral y social, debe agregarse un temperamento creativo: publicó varios libros y escribió todo el tiempo en la prensa de varios países. La claridad con que vio su destino literario queda reflejada en esta frase: “Una vez que se ha entrado en el camino de las letras es necesario marchar, marchar siempre. Nada de reposo. Todo descanso parece una deserción”. Desde su primera publicación, La Quena, su obra literaria avanzó sostenidamente. En la prensa americana (peruana, argentina, chilena, ecuatoriana, colombiana, etc.), y también en la española, dio a conocer, durante veinte años, una importante cantidad de cuentos y nouvelles: revistas y periódicos como Iris, El liberal, La Revista de Lima, La Revista del Paraná, La Revista de Buenos Aires, etc., fueron dando cuenta sistemáticamente del trabajo incansable de esta mujer, que finalmente recogió aquellas obras en su primer libro, de dos tomos, Sueños y realidades, publicado en Buenos Aires en 1865.

En 1869 apareció en París una reseña biográfica: Vida militar y política del general don Dionisio de Puch. Y en 1876 se publicaron en dos tomos, bajo el título de Panoramas de la vida, los trabajos que, muchos de ellos, había ido dando a conocer su autora a través de la prensa literaria: se trata de una importante colección de cuentos, estampas, novelas cortas, escenas de costumbres y semblanzas de personajes. De estas últimas, destaco la dedicada a Belzú, ya mencionada, y la referida a Camila O’Gorman, que da una versión coetánea del episodio conocido e histórico.

Otro libro de recopilación es Misceláneas, de 1878; mientras que en 1888 publica La tierra natal, un relato de su regreso a Salta, al que me referiré más adelante. En 1890 aparece la celebrada Cocina ecléctica, un libro de recetas culinarias recogidas a lo largo de los años, dictadas o enviadas por amigos o conocidos (hay recetas de Lima, La Paz, Buenos Aires, Rosario, Sucre, Oruro, Bogotá, Salta, Dublin, París, etc.). Resulta curioso saber que, en relación con este libro de cocina, Ricardo Palma entendió que comenzaba con él la decadencia de la escritora: para el escritor peruano, eran señales del “comienzo de la chochez”. En 1892 apareció Perfiles, una colección de siluetas de amigos y personalidades de la época; y este es el último libro propio que Juana Manuela pudo ver, ya que Lo íntimo, del que también hablaré más adelante, apareció después de su muerte.

Esta obra extensa tuvo el mérito de ser pionera en cuanto a la producción literaria femenina en Latinoamérica. Tiene un carácter epigonal del movimiento romántico, del que nunca se apartó, y es fácil observar exageraciones de estilo, exaltaciones, desmayos y excesos de vocativos. Sin embargo, a pesar de estas limitaciones de escritora, no hay dudas del interés histórico de esta obra que muestra muy bien la incorporación difícil de la mujer, no sólo a la cultura, sino también a la autodeterminación de su destino en esta parte del mundo.

Su repercusión en Latinoamérica fue casi inmediata, de modo que, aun antes de la publicación de Sueños y realidades, ya estaba afianzada su fama de escritora, que nunca decreció. Como prueba, queda el homenaje que recibió en Buenos Aires, en 1875, por parte de los más destacados escritores del momento: una “palma literaria” con composiciones escritas en su honor, donde figuran, entre otros, Bartolomé Mitre, Juan María Gutiérrez, Eduardo Holmberg, José Hernández, Rafael Obligado, Marcos Sastre, Santiago Estrada, José Manuel Estrada, etc. y que le fue entregada por Vicente López.

Ese mismo año recibió una módica pensión que otorgaba el gobierno argentino a las viudas e hijas de los guerreros de la Independencia, a la que se sumó, al año siguiente, otra pensión que estaba destinada a los que descendían de militares que habían luchado con Güemes. La acogida en Argentina fue, por lo tanto, buena y con aclamaciones; y así es cómo, después de volver un tiempo a Lima, se radicó definitivamente en Buenos Aires, donde murió el 6 de noviembre de 1892.
LA TIERRA NATAL

En 1831 le tocó a Juana Manuela Gorriti seguir a su padre al exilio en Bolivia, y nunca volvió a vivir a Salta. Parece ser, si el cuento titulado "Gubi Amaya" es realmente autobiográfico, que hizo una furtiva incursión por Salta, vestida de hombre para no ser reconocida, alrededor de 1842. De esto sólo queda ese relato y la conjetura de que la protagonista puede ser ella; pero, de cualquier manera, este paso por su tierra natal fue clandestino y, sobre todo, casi limitado a la finca Horcones donde había nacido.

En 1878 viaja desde Buenos Aires al norte, con intención de llegar a Salta, pero las peripecias del propio viaje la detienen en Tucumán. Y es recién en 1886, con casi setenta años, que puede volver a Salta sólo por veinte días, caminar por sus calles, conversar con su gente y ser recibida como la viajera notable, cargada de laureles y leyendas, que era en realidad.

Blanca Varela (y me gusta recurrir a una poeta peruana para hablar de Juana Manuela Gorriti) escribió en un poema: “¿Qué hacer con los recuerdos? Confundir seres, lugares, caricias. Cruzar todo el océano para llegar a este parque que queda a una cuadra de casa”. Esta fue, exactamente, la situación vivida por Juana Manuela en este regreso postergado tantas veces. Se trataba de un viaje complejo: viaje a su lugar de origen y también al pasado; pero, sobre todo, viaje a la memoria: va a ver lo que hay, cotejado con lo que había y, por si fuera poco, impregnado de lo que quisiera que esté. Todo el tiempo se le superponen caras y personas, aparece un abuelo en la estampa de su nieto, una referencia histórica en la fachada de una casa o en alguien innominado que pasa por la calle; y está haciendo permanentemente un recorrido hacia atrás, no por nostalgia de lo que ya no tiene remedio, sino para entender qué hay ahora donde estaba lo que ya no existe. Este es el viaje que cuenta en La tierra natal, publicado dos años después, en 1888.

Partiendo de Buenos Aires, el tren llegaba hasta Metán; y desde allí había que seguir en “una mensajería llevada por nueve mulas”. La estructura general de este libro es la de los libros de viaje más conocidos: salvando todas las distancias del caso (que son muchas), tiene el plan narrativo del Quijote de la Mancha o de la Excursión a los indios ranqueles. Quiero decir con esto que el hilo conductor es el viaje en sí, pero está interferido todo el tiempo por sucesos, anécdotas, recuerdos y cuentos que se van interpolando, y que dan una trama abierta a la narración. Allí aparece el “gauchi-político”, como lo bautiza la escritora, que se apodera de la conversación en el tren y da una imagen terrible de la muerte de Boedo; la historia de una mujer traicionada por su novio y por su mejor amiga; un rápido diálogo con una amiga monja, en el que queda patente el talante laico y liberal de Juana Manuela; y también se recogen historias traídas por conexiones de la memoria, datos, comentarios de sucesos del pasado o de acontecimientos familiares, entre los que aparece un curioso y postrer ajuste de cuentas con su abuela, a la que no perdona haberse casado en segundas nupcias con “un hombre horriblemente feo, tuerto y, lo peor de lo peor...¡vulgar!”.

Tal vez sea útil saber que, según el censo de 1895 la provincia de Salta tenía 118.015 habitantes, y la capital 20.361. La ciudad que esperaba a Juana Manuel Gorriti era, pues, pequeña, cercada por huertas, rezadora y con fuerte presencia rural en su vida diaria. En el testimonio de la Gorriti ya aparecen, sin embargo, algunas modificaciones visibles, cambios de costumbres (no muchos, lógicamente), el cerro San Bernardo que (¡ya entonces!) había perdido su vegetación y aparecía seco y pelado: es decir que, desde hace más de un siglo, espera una reforestación[5]. Y es curioso comprobar la relativa importancia que, en relación con la actualidad, tenía algún paraje del interior de la provincia; por ejemplo, es llamativo lo que cuenta al pasar: que en Chilcas había entonces un piano Steinway y, por lo tanto, alguien que supiera usarlo: dos cosas que, me parece, hoy serían del todo imposibles.

La tierra natal es un viaje al mundo de los recuerdos; pero es también una despedida, como ella lo sabe y lo dice a cada paso con un dolor pudoroso, casi sin decirlo.
LO ÍNTIMO

Se trata de un libro deliberadamente fragmentario: apuntes, reflexiones, alguna anécdota y comentarios de la más diversa índole, que Juana Manuela Gorriti había ido recogiendo en distintas etapas de su vida. Estaba trabajando en la organización de este material disperso cuando murió. Quedó en estado más o menos embrionario, aunque hay que decir que si algo lo define es la perspectiva íntima, de sutil interioridad, que está presente en el título.

Así como La tierra natal es un recorrido por la memoria a partir de un dato geográficamente ubicable (un viaje a Salta), podría decirse que este libro propone casi lo contrario, el descubrimiento de una persona (ella misma) a partir de los datos sueltos que va entregando la memoria. La autora está aquí más expuesta que en otros libros; no busca la ficción para disfrazarse en ella, ni utiliza recursos alegóricos para contar lo que le pasa, sino que se ofrece directamente, en crudo, diciéndonos expresamente que es ella quien habla y que, como diría Montaigne, también es ella la materia del libro: ella es su propio argumento. Y, sin embargo, no estamos ante un diario íntimo, al uso de la época, sino ante algo más moderno: un discurso fragmentado, sólo organizado por la necesidad secreta de la autora, que la lleva de un tema a otro sin obligarla a dar explicaciones del traslado. Esto le permite un juego abierto, en el que caben noticias de su infancia, pensamientos sobre la condición de la mujer, algún relato, saludos a escritores amigos o, inesperadamente, una percepción bastante visionaria de lo que llegaría a ser la crisis bursátil del '90 en Argentina.

Pero tal vez lo que más conmueve leer es la serenidad con que esta mujer inteligente ve aproximarse la muerte: “Ahora sí, en verdad, comienzo a sentir llegar la muerte...; llega en tiempo en que la vida pesa como ropa mojada que es preciso cambiar”. Y estas palabras inacabadas con que termina este libro y, muy poco después, su propia vida: “Algunos días más y la luz se apagará para siempre...”

Publicado en Oficio de lector; Alción Editora, Córdoba, 2003

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[1] Juanamanuela, mucha mujer, de Martha Mercader. Sudamericana, Buenos Aires 1980.

[2] José Vicente Solá, en su Diccionario de regionalismos de Salta, defiende la tesis de que la voz “orcones” (sin h) proviene del quechua: orqo=macho, fuerte. Explica que significaría “tierra de varones” y que, en consecuencia, J. M. Gorriti estuvo acertada en escribirla como lo hizo. Me parece una opinión equivocada. En primer lugar, es una palabra inexistente: no se registra en ningún lugar de influencia quechua. En segundo lugar, horcones, con h (palabra de viejo cuño castellano), tiene vasta difusión en todo el norte, y más aún la tuvo en el siglo XIX, sobre todo en la zona rural, cuando la construcción requería de horcones para armar casas y sostener techos. Finalmente, no sería éste, ni remotamente, el único error ortográfico de la Gorriti. Recuérdese, en su descargo, que hasta entrado el siglo XX hubo mucha oscilación en la manera de escribir una palabra.

[3] Las referencias históricas están sacadas del libro Los Gorriti de la gesta güemesiana, de Luis Arturo Torino. Edición del autor, Salta 1992.

[4] Tal vez por influencia del quechua, que no registra diferencias entre las vocales e-i y o-u.

[5] Debo decir, sin embargo, que en los últimos años lo he visto hermosamente arbolado. Me han explicado que esto se debe, paradojalmente, al crecimiento de la ciudad: ya no quedan por allí casas que se abastezcan de leña.

LA ESCRITURA VELADA



María Gabriela Mizraje
Universidad Nacional de Buenos Aires


...y todo lo que a él concierne
lo he oído referir a éste [a mi padre],
en las pláticas del hogar,
verdadero archivo de biografías


(JMG, Lo íntimo, 1893)
Gracias a Dios, hace tiempo
que yo digo como Madama Geofroid-
"Quand j'etais femme"


(JMG, Panoramas de la vida, 1876)

I- Relaciones

Un entramado de relaciones vitales y discursivas hace de los textos de Juana Manuela Gorriti (sin ninguna duda, la principal escritora argentina del siglo XIX) una pieza imprescindible para la reconstrucción de la cultura sudamericana -y especialmente argentina- del período. El circuito de los periódicos así como la poca correspondencia acequible, la exhibición de las tertulias y las relecturas de la historia nacional realizadas en torno a algunos personajes-clave del espesor de Rosas o Güemes la sitúan, empedernidamente mujer entre los hombres, en el límite en el que la épica patria, la biografía, la escritura memorialista y la ficción van a converger para escamotear los datos privados y elaborar el encomio de su genealogía. Patronímicos y gentilicios plurales sostienen su nombre para un contraste en el que los compatriotas, los políticos, la fiebre de la Bolsa de Comercio y las competencias del mundo intelectual resultan mezquinos, y la guerra de Independencia se convierte en indiscutido paradigma.

La escritora del triunfo de la femineidad y los derechos de la mujer queda, sin embargo, inmersa en las contradicciones que su contexto le imprime. Demasiado romántica para ser estéticamente vanguardista, demasiado emancipada para resultar tradicional, Juana Manuela Gorriti corre y descorre a lo largo de sus textos los perfiles de la mujer que idealiza para las demás (virgen, esposa, madre).

La suya, por lo tanto, es una escritura oscilante junto a los procedimientos que permiten a la autora y a la narradora sustraer el cuerpo y sustituir ese vacío pendiente en el espacio público con los episodios de la historia nacional, la historia de los otros (fundamentalmente de los varones: su padre o inclusive el Gral. Belzú, cuando el encuadre excede a la Argentina).

II- Generales de la ley
"La novia del muerto"

Una galería de personajes célebres la tendrá por custodia: Carmen Puch, el divino perfil de Camila O' Gorman, el Gral. Dionisio Puch, el Gral Vidal, el Gral. Mitre... Militares que entran en las generales de la ley (de los héroes). En este sentido, Belzú resulta tan inevitable como metonímico. Belzú, con su final más épico que el resto es, sin embargo, en un punto el antihéroe. La domesticidad le desdibuja los perfiles divinos (divino, por otra parte, en Juana Manuela, es un adjetivo más propio de mujeres), no se trata de una retórica alejandrinista, tampoco intimista, más sencillamente es la ancha elipsis que propicia el susurro: Belzú -la biografía lo delata- no se ha portado bien con la joven Gorriti. Y ella le guarda un secreto rencor.

Ojos y manos espías de su momento (que no hay muchos, la crítica contemporánea a Juana Manuela suele ser cuidadosa, recatada y propensa a las abstracciones), exhiben parte de ese secreto.

La breve biografía destinada a Belzú en Panoramas de la vida (1876) debería leerse junto a esas líneas esporádicas -que un insolente periódico reproduce- de una amistosa epístola de la viuda Gorriti forcejeando por resultar ecuánime:

"El 27 de marzo, dos días después de la fecha de la carta de Ud., Belzú, mi marido, el hombre que enlutó mi destino entero, vencedor de un combate en el que el pueblo derrotó al ejército, fue asesinado por el general que mandaba éste. Vinieron a decirme que Belzú había caído atravesadas las sienes de un balazo, y yo corrí en medio del combate; llegué hasta donde yacía el desventurado ya cadáver, lo levanté en mis brazos y en ellos lo llevé a casa: a ese hogar que él había abandonado tanto tiempo hacía! Con mis manos lavé su ensangrentado cuerpo, y acostándolo en su lecho mortuorio, lo velé y no me aparté de él hasta que lo coloqué en la tumba.

La misión de la esposa parecía ya acabada; mas he aquí el pueblo que me rodea y me pide más: me pide que lo vengue. Sí: lo vengaré con una noble y bella venganza, haciendo triunfar la causa del pueblo que era la suya".

Y poco después (1deg. de junio de 1865):

"Amigo querido: el 25 del pasado cuando escribí a Ud. las anteriores líneas, fui interrumpida por los clamores del pueblo que se había levantado en masa y me pedía a gritos unirme a él. Hemos levantado de nuevo barricadas, y en este momento esperamos al enemigo" (Cfr. Nación Argentina, 19/7/1865).

Las vicisitudes de la autora entran filtradas a los textos en relatos que saben de desplazamientos, atenuaciones, suspensiones y eufemismos.

Gorriti carga con el muerto Belzú. Belzú cadáver -ya adornado, ya hediondo- y casi siempre embalsamado en la actividad política. Desde allí es necesario narrarlo, allí es preciso que quede fijo para los lectores presentes y por venir. Para la descendencia compartida. Por ello hay que recuperar el espacio común: "lo llevé a casa...". Es la reunión de la muerte, lo saca de la muerte.

La elusión del pronombre es prolija: la casa de La Paz se sostiene sola, destruye el "mi", no enfrenta el "nuestra". Casa que rápidamente se transforma en "hogar", con velocidad y estructura análogas al "Belzú, mi marido"; "el hombre que enlutó mi destino" y "ese hogar que él había abandonado" tienen también funciones correlativas.

Se mira de lejos, a continuación se focaliza y luego se corroe la proximidad con la pena que tiene la forma de un reproche póstumo, que ejercita el contraste de la nobleza (de ella) frente al abandono (de él), del cumplimiento de su "misión de esposa" frente al incumplimiento del esposo.

Hasta la muerte se resignifica en el punto del intercambio. Belzú le está imponiendo doble luto: el luto irremediable de la hora histórica; el otro luto, previo e imperdonable, del hombre amado que le arruinó el destino. Ni muerto puede perdonarlo. Cumple con un deber histórico, social y literario, apenas femenino.

Juana Manuela trae muerto al cuerpo que se fue infiel, devuelve a lo privado al hombre público y ensaya una escritura levemente naturalista (escuela que ella despreciaba especialmente en una mujer, como lo muestran sus comentarios a Mercedes Cabello). Belzú expulsado de sus días es recuperado en su literatura; lo destierra de su vida y lo entierra en la sepultura real y en la permanencia de los textos. Ese destierro (simbólico), como los otros, es aparentemente una consecuencia no buscada que el destino impone y una posibilidad de la nostalgia en la escritura. Destierro que responde a la política de los afectos.

Contar la historia del marido es apropiarse del marido perdido. Conjura la muerte con el acto múltiple de su enfrentamiento y su escritura, pero también conjura la separación conyugal.

Moderna Antígona de la puna, Juana Manuela siempre hace las cosas por la solicitud ajena. En esta coyuntura el pueblo le pide más, así como en los otros casos los amigos le reclaman la edición de sus relatos o el periodismo la obliga a abrir sus veladas literarias... Mandato popular, exigencia del destino, misión divina o necesidad histórica, las acciones de Gorriti pasadas por los textos quedan ceñidas por los imperativos trascendentes que las fluctuaciones y los agentes de la vida le señalan.

Se construye un triunfo popular: el público aclama a la escritora para requerir de ella una acción política.

Asimilación, legado; como si el presidente le dejara a la masa en sucesión. El pueblo le entrega a Belzú y Belzú le da al pueblo.

Venganza moral, aristocrática y estética ("noble y bella"), para equilibrar la posibilidad del oxímoron. Lo que justifica la venganza es su belleza, sin embargo no habla de justicia o de reparación, asume la palabra venganza y la expropia para el sistema de valores que ella quiere defender; resulta en este aspecto revolucionaria, el paradigma en el cual se inscribe no corresponde a la retórica femenina decimonónica, e inclusive contradice algunas de las máximas principales que predica la autora. No la inhibe quedar del lado de la violencia, por más que los adjetivos la amortigüen, no le teme a la sangre (levanta con sus manos el cuerpo ensangrentado, como lo hará en su carácter de enfermera del 2 de Mayo y lo relatará).

La muerte bella, igual que en sus ficciones, deviene moral. La literatura tiene la posibilidad de conjurar ciertos `males' y ponerlos a su servicio.

Junto al mortuorio tálamo del `65 puede verse "La novia del muerto" que, ese mismo año, descansa con desasosiego en sus Sueños y Realidades, dedicada "A mi querido amigo Vicente Quesada".


Mortaja presidencial

Una mortaja para el presidente: Juana Manuela se pone literalmente a presidir la muerte de Belzú.

Lo amortaja en su carta (lo mata para el amigo), lo vivifica para el pueblo, lo glorifica para los lectores, lo venga para la historia. Y allí, otra vez ella, heroína entre hombres: irguiéndose en esposa póstuma, eligiéndose reparadora por encima del resentimiento, sopesando la historia personal y la historia latinoamericana para recordar que al fin de cuentas Lo íntimo (1) siempre debe estar al servicio de la historia (que compensatoriamente lo nutre).

Yo contaré la historia de Belzú, parece decir. Yo inscribiré su muerte en mis actos y, por lo tanto, yo que apenas si pude elegir con su vida, pondré el final de esta historia. [[questiondown]]Una historia más para Juana Manuela? A partir de ese momento, [[questiondown]]cómo contar la historia de Belzú sin que aparezca al final esa mujer que en barricadas se enfrentó al enemigo (del otro) y encabezó, tan drástica heroína, el movimiento que vengaría al presidente asesinado?

Acaso, entre tantas otras acciones valientes, sea éste el acto de mayor arrojo de Juana Manuela y sea, además, su principal ficción.

Habiendo regresado a Bolivia, en enero de 1877, Gorriti presenta un relato en Lo íntimo (p. 40 ss.):

"Un día, uno de los más trágicos de mi vida, encontrábame en medio del fragoroso tumulto de un combate; entre mis brazos yacía el cuerpo ensangrentado de un hombre que yo quería volver a la vida, y, próxima a desfallecer, tendía en torno mío una angustiosa mirada...

De repente, abriéndose paso entre los grupos de combatientes, un joven oficial vino hacia mí.

Traía en la manos un vaso de agua con la que roció alternativamente mis sienes y el rostro de aquel que era ya un cadáver".

El día final de Belzú, el día de la tragedia de la muerte de Belzú se convierte en uno de los días más trágicos de la vida de Juana Manuela. La actitud maternal o quizá viril expresada en la carta al amigo durante aquellas mismas jornadas, "lo levanté en mis brazos y en ellos lo llevé a casa", ahora, cuando se reitera después de una década, parece levemente más amante, si la otra mostraba algo del orden de la obligación moral, de la solidaridad, de la respuesta al mandato civil y religioso de un pacto contraído, ésta deja ver entre las heridas a un hombre al que quería (volver [a la vida]).

Tejerle una mortaja (textual) al primer mandatario es construir un atajo para la gloria, asegurarle la muerte: rematar su historia, al tiempo que mostrar el martirio de Belzú puede contribuir a tornarlo más heroico según la propia lógica de Lo íntimo, salvándolo del triunfo previo: "Héroe: El hombre puede serlo mientras lo envuelve la aureola del martirio. Desde que ésta se torna en aureola de triunfo, el hombre aparece lo que es: Miseria!" (LI, p. 126).

El "cuerpo ensangrentado" se repite intacto a través de los años. La sangre le mancha las manos: Gorriti a partir de entonces se sentará a escribir con esa tinta. Veremos la sangre derramada en Lo íntimo una y otra vez, desde José Ignacio, las hijas, los amigos hasta estas otras rojas huellas dactilares que destilan la historia en la que el lecho nupcial deviene lecho mortal.

Frágil pero firme se muestra la mujer vencida por el peso del cuerpo de aquel hombre. Cargar con él le acerca otro hombre, como si se tratara del segundo de los legados. Gorriti es casi una Verónica o ella misma la agonizante a la que el joven desconocido alivia en forma bautismal. Gorriti cuenta la historia con procedimientos análogos a los que utiliza para cualquiera de sus relatos ficcionales, genera misterio, suspende la acción, fragmenta para montar diferentes momentos que en la superposición logren el efecto perseguido. No falta la pregunta del enigma "quién era..." y el final, lógicamente, tampoco carecerá de su anagnórisis.

Otro general, otro presidente: Daza; otro aclamado de "porte arrogante" (cfr. LI, p. 41). Muchas de las cualidades valoradas por Juana Manuela aparecen en esa descripción que realiza la viajera sexuagenaria. El retrato, el movimiento y el carácter del joven apuesto y decidido responden al paradigma del héroe que Juana Manuela gusta trazar y al tipo de hombre que despierta su sexo (en la escritura).

Su relato inscribe un tajo en el amor que lo nombra. Por el tajo de la escritura, Juana Manuela dice lo que su vida calla y ataja los comentarios de la gente y las posibilidades de la historia. Amortajar al presidente es también, en el revés del ajuar, bordar los sentidos que reconocen el vínculo y perpetúan la historia.

Una misión sacra con los "restos" de Belzú. Lo que le resta a Juana Manuela es enterrar a su marido (y lo que Juana Manuela resta es Belzú). Con esos restos recompone el cuerpo de una historia ya muerta. Así como levantará sobre las ruinas la casa de Horcones.

A horcajadas de la historia, arruinada por las vicisitudes de su falta de salud, restada por las vicisitudes constantes que afronta, Juana Manuela, la restauradora, recompone en la escritura -por la escritura y para la escritura- las historias que ofrece y que la salvan. Si hay un espacio donde justificarse y proseguir es la escritura, si hay una dimensión en la cual los fragmentos pueden conjurar el vacío es la literatura.

"Sus obras [las del ser humano] [son] un mosaico formado con fragmentos de su propia existencia" (LI, p. 133).

III- En su lugar

"En fin, quien está trazando a lápiz estas tristes reflexiones las ha escrito al revés, y es forzoso rasgar las páginas que contienen para colocarlas en su lugar" (LI, p. 118).

Rasgar resulta al mismo tiempo restablecer el orden perdido, imposible. El seguimiento pormenorizado del montaje que proporciona Lo íntimo puede darle la razón a la sugerencia de la narradora. Así, al llegar al momento en que escribe su "pésame" por Eduardo Gutiérrez (p. 144), muerte acaecida supuestamente el 2 de agosto de 1889, la última fecha colocada por Gorriti había sido la del 30 de noviembre de 1890, en Luján. Tras varios fragmentos y el relato "Idilio y tragedia", Gorriti llora al autor de las "producciones tan argentinas y tan bellas", otro "vástago de una familia de genios, arrebatado por la muerte a la gloria de nuestra patria". No es un llanto anacrónico (el relato es de inmediatez, la autora prácticamente está velando al folletinista) sino un llanto fuera de lugar.

Más de una especularidad puede seguirse en este relato de muerte. Gorriti que llama y acaso teme la suya, que la desea y la anuncia, siempre forcejeante, cifra la propia en la sucesión de muertes de los otros, la estudia allí, en la experiencia del dolor contiguo, la interroga y la bebe. A propósito de Gutiérrez podemos ver con claridad una vez más su confianza en la trascendencia: sólo las obras salvarán al ser humano. En el caso de los autores, los textos les "darán perenne vida". Pasado y futuro del escritor argentino, pasado de familia ilustre y patriota más esmero literario (especialmente si de materia local se trata) vienen a implicar un porvenir asegurado en el panteón argentino.

Rasgar las páginas de lo íntimo es rasgar las vestiduras de la palabra (quedar al desnudo) y del propio afán de la memoria mientras quien escribe oscila; rasgar, al fin, las posibilidades de la muerte. La pluma de Juana Manuela corta mientras traza su letra empecinada. Recorta los datos imposibles de mostrar, selecciona los fragmentos narrables. Entrecorta la respiración en su ritmo escriturario, cuanto más se acerca al final, cuanto más la enfermedad la acecha, es la escansión jadeante de la bronconeumonía y del dolor la que impone los períodos narrativos. Corta Lo íntimo, lo suspende en puntos que demarcan con precisión el umbral de su muerte inmediata.

Su propuesta de lectura inserta en el texto acciona la multiplicación de un secreto. [[questiondown]]Qué significa realmente rasgar las páginas de Lo íntimo como su autora sugiere? Considerando que Lo íntimo intentaría ser la contracara de lo público y que al rasgar lo público se insinúa lo íntimo, [[questiondown]]qué podría entreabrir una última rasgadura fatal de lo íntimo, qué podría mostrar más allá sino la muerte misma, puesto que el sexo está velado?

Rasgar lo íntimo -que, por lo demás, vuelve a lo público- nos está hablando de una escritura en clave, de un esfuerzo de lectura. Paradigma habitual del siglo XIX, esa rasgadura se inscribe en la línea del enigma, de la esfinge, del misterio, de lo sombrío; y, si algo permite ver en los pasajes autobiográficos, es justamente el desgarro de Juana Manuela Gorriti.

Los rasgos insólitos no la descompensan en esa mostración. Lo que más puede sorprendernos responde a una veladura, a un camuflaje. Gorriti rasga la página del album de bellezas de un sobrino para confeccionar su personaje de Ema Berdier.

"...fui a buscar un album de bellezas limeñas que mi sobrino Federico Puch guardaba como un tesoro, tesoro para él de dulces recuerdos; y le robé el retrato de la más linda, de Isabel Bergman, beldad arrebatada por la muerte en los primeros albores de la existencia" (LI, p. 120).

Allí, cómplice de Bernabé Demaría, se superpone a la mujer elegida. Gorriti posee la belleza literaria de la invención y del gesto. Le pondrá, con su amigo letra a esta otra difunta.

Si morir tempranamente constituye un modelo romántico, Gorriti también vendrá a romper con su vida este molde que en literatura la seduce. Vieja mujer de letras, no se cansa de escribir ni de hablar de su vejez ni de contemplar, admirada, la juventud: allí se juega una posibilidad estética, tan vital como novelesca.

La escritora ironiza en su diario, se mira una y otra vez en el espejo. Opta por no envidiar (la sabiduría le impide o le contiene ese sentimiento), prefiere celebrar la juventud. Pero se queja. Tematiza también esa pérdida.

Lo íntimo es, en ciertos aspectos, el relato entrecortado e indecidible del fracaso de una triunfadora: ese fracaso es precisamente el de las pérdidas que Gorriti recapitula con minucia.

Pérdidas nacionales, bajas de la guerra, ausencia de familia y de amigos, nostalgia de la tierra dejada, ganado entregado, casa en escombros, primicia literaria que ya no se tiene (episodio con Santiago Estrada y Pardo Bazán, uno; con el doctor Balda y Clorinda Matto, otro), falta de dinero y sobre todo muertes. La salud perdida, la juventud perdida, la fuerza, la esperanza ([[questiondown]]de morir o de vivir?).

Lo único que nunca se pierde, que se sostiene, que la sostiene, es la escritura. Deja de escribir y se muere.

"Lo único que a mí me queda es esta pluma y los tres dedos que la sostienen en la obra de hacer libros" (LI, p. 147, enero de 1892).

Pierde el lugar de hermana, de esposa, el lugar de madre. Mantiene el de escritora, así quiere ser definida: hija del guerrero y literata, desde allí asegura su entrada al diccionario.

Alecciona desde la austeridad, desde el valor cívico, sin petulancia: Juana Manuela Gorriti, escritora (y) argentina.

La dama de los paisajes

Tres puntos estratégicos señalan el itinerario de Juana Manuela Gorriti en el mapa de Sudamérica, tres tierras ganadas por vínculos consanguíneos o adquiridos, por herencia o trabajo, por epístolas. Esos tres puntos terminan conformando una escansión que prácticamente va a crucificarla en dos sensaciones, en dos jadeos escriturarios, en dos apuestas de sobreviviente: el cansancio y la nostalgia. La falta irremediable, la alegría imposible: descompensada una y otra vez por los afectos ausentes, por los paisajes faltantes, por la sucesión de las historias. Por la literatura y por las muertes.

En la función de los viajes en Gorriti puede leerse la Argentina como el lugar de las partidas. Partidas, a su vez, de nacimiento y defunción: es decir, marca de la identidad que nunca se pierde y siempre se parte, se fragmenta. La vida sustraída al mapa local y la memoria en él; la demanda, el reproche a su tierra y la nostalgia y el reconocimiento paralelos. La historización y la fuga, el resentimiento y el deseo. Gorriti expulsa y atrae a la Argentina, se proscribe, la proscribe y la ciñe mientras no deja de escribirla.

La Argentina aparece en los puntos extremos de su vida (origen y muerte), tiene la impronta de lo irremediable, es el lugar azaroso, fatal, irreversible, donde Juana Manuela se presenta en su rol de hija y en su rol de anciana. Como hija, le corresponde la guerra; como anciana, la enfermedad: la Argentina le acerca ambos riesgos.

En segunda instancia está Bolivia, como lugar forzoso (forzosamente opcional), donde ser esposa y madre. Los riesgos allí son los que acarrean el amor, el poder, la política. Algunas determinantes, el abandono y la infidelidad de Belzú.

Cómo no habría de volver Gorriti una y otra vez a Perú -con el cuerpo o con el deseo y las palabras- si es el único sitio que en verdad elige en su vida. Y es el espacio de su rol más activo como escritora y el de su gente más amiga. La mujer más independiente es la que ella desempeña allí. En Perú, Juana Manuela realiza la elección del "lugar" que quiere ocupar.


Si en Argentina es la hija y la anciana, en Bolivia la esposa y la madre, en Perú es la profesional, es la escritora. Gorriti circula, oscila, sustrae el cuerpo, ostenta su fatiga, expone el cuerpo y es reconocida, lo esconde mediante los viajes y puede gracias a esa táctica vehiculizar su deseo y cumplir con necesidades.

Gorriti así se convierte en una silueta escurridiza, los fragmentos del diario ponen en la superficie ese desplazamiento. Escritura inasible en la que cronología y latitud se saltean y se apelmazan en un mosaico de colores tenues, raras veces vivaces, paleta que extrae de los cerros que recorre la cerrazón, la espectacularidad y el enigma, la propensión a lo divino como una de sus apuestas a lo trascendente. Marca puntos en el mapa extendido, escribe sobre él. Presente o de memoria; suspensa, en movimiento, todos los cruces entre su escritura y los caminos son dados. Siempre está por marcharse, siempre quiere volver, siempre el clima la maltrata o la historia la aqueja o la comparación entre el pasado y el presente la abruma o los muertos la oprimen. Siempre está por irse e, incluso, por morir. Siempre puede ser la última vez que pisa esa tierra, siempre a punto de enterrarse suspira. Siempre temerá y anhelará la pérdida y hará de ello un procedimiento de escritura. Sobrevivir puede ser tan pesado como sobrellevar la posibilidad de la muerte. Gorriti, en rigor, sobremuere a todos los que ama. Vive sobre la muerte de los otros, y muere sobre ellos. Sobremuere en su texto más íntimo. Anticipa una y otra vez lo plausible de su muerte inmediata, la aproxima, la mide, mientras sigue viviendo como de prestado, como si le prestara todavía un rato a la vida la vicisitud de su escritura, esa perplejidad leve de sus años, ese asombro y esa memoria, la gratitud difusa, la resignación prevenida, la abocada austeridad y el porvenir que se estudia como si fuera otra materia de la historia posible. Familiar. Emprendida.

Lo íntimo es, en todos sentidos, un texto de cruces. Sus libros testifican de manera constante tales vaivenes. Además de aquellos que narran explícitamente el tránsito, como La tierra natal (1889) o tematizan en la focalización una diversidad de ciudades y paisajes, como Panoramas de la vida (1876), el recorrido se atreve de manera singular en Lo íntimo (escrito hasta 1892) y vertiginosamente en Cocina ecléctica (1890). El cuerpo inasible de la escritora se refleja en una movilidad textual que esparce localidades en el afán de reproducción de cada olor autóctono. Decir definitivamente -fijando esa itinerancia- cada punto del recorrido "real" o literario. Juana Manuela no quiere dejar ningún punto sin tocar. Pasa y señala.

Cocina ecléctica (1890) puede recorrerse como pot-pourri de la memoria en que todo sucede hasta el hartazgo. Lugar donde probar lo local, otro mapa, un recorrido geográfico-gastronómico donde el plato puede funcionar como bandera, sinécdoque de la nacionalidad y excusa de las historias. Tradición de mujeres que (se) entregan (con) sus recetas. En Cocina ecléctica se guarda en verdad una receta literaria: cómo agotar las posibilidades de la femineidad en la escritura, la marca temática que constituye una decisión formal, lícita de imitaciones, como lo prueba Emilia Pardo Bazán.

A aquel texto puede acercársele modernamente la potenciación de la metáfora que ostenta. La cocina literaria de Juana Manuela Gorriti es, en efecto, ecléctica. Porque si las recetas recorren una geografía heterodoxa y proceden de diferentes manos, el circuito de lecturas, tradiciones y apuestas que cruza las decisiones literarias de Gorriti reconoce, por lo menos, las filiaciones indígenas y española, lo gauchesco y lo norteamericano, los gustos de Paris, de Italia, de Alemania. Gorriti mezcla en citas y referencias, en emulaciones e inhumaciones estos derroteros textuales de la cultura universal que le han acercado el doctor general -su padre-, el canónigo, el coronel, el otro doctor, la biblioteca de los franciscanos; Juana Manuela no ignora a Poe ni a George Sand, a La Rochefoucald ni al canto quichua, a José Hernández, a Ricardo Palma o a Emile Zola. Mujer de su tiempo, intelectual al día del circuito posible por estos puertos del Atlántico, dedica, difunde, alude y construye tales cruces.

Juana Manuela supo de más de un secreto literario: no fue una escritora inocente, careció del candor que en cambio sí tenían muchas de las mujeres asistentes a su tertulia.

Estuvo entrenada en crítica, en arte, en historia. Supo de las encrucijadas políticas y de las determinaciones económicas. Supo que la Bolsa de Comercio era una fagocitadora a la cual resultaba preciso temer (y esto lo entendió de manera absolutamente sagaz, moderna y previsora). Supo que el fin de siglo sacudiría las luces de toda la inmigración agazapada y que la inminencia política cambiaría algunos derroteros de la patria. Supo que el dandysmo achataba los méritos de la gesta patriótica de la Independencia y que los ponchos empezaban a caer allá donde se henchían las capas. Supo de la diferencia entre ser patricio terrateniente y ser aristócrata. Y supo, finalmente, que su apellido sufría un último destierro.

La oblación pretérita no la amparaba, ningún honor podía sustituirle las pérdidas. Y la entrega material no se veía siquiera compensada por un reconocimiento simbólico como el que ella habría deseado ([[questiondown]]pretendido o merecido?).

Juana Manuela le recuerda a su país -nos recuerda- una gran deuda. Enrostra los sacrificios de su padre y los logros de todos sus parientes. Reclama memoria, solicita reparación.

Juana Manuela se nos aparece como mujer primera y última de una estirpe. Ultima Gorriti entregada al país, primera novelista argentina.

Ultima en una gesta de hombres, primera en una tradición de mujeres.

III- La vida que te di

En los pliegues de la historia de los otros se construye la autobiografía de esta mujer. El movimiento es complementario: ocuparse del padre en el interior de esa especie de diario fragmentado y veloz que es Lo Intimo es desplazar la escritura autobiográfica a la biográfica a los efectos de, en un único gesto, salvar la vida del progenitor y reforzar la propia.

Qué autobiografía sería tan puramente autorreferencial que no se dedicara a rescatar o condenar los nombres del entorno, la restitución de los otros que atravesaron la vida que se presenta. El mismo género (discursivo) parece solicitarlo. Si la escritura autobiográfica construye inevitablemente su presunción, tampoco le es ajena la posibilidad de la ofrenda, la generosidad vital y literaria con la cual encadenar los nombres de los otros, los amados, al destino paradigmático que la primera persona acarrea.

En el caso de Gorriti, los procedimientos se enrarecen. La textura de Lo íntimo desdice más de una cosa que el género segrega como necesidad de su existencia. La anciana e infatigable escritora baraja los papeles como si fueran, en efecto, cartas o pájaros entre las manos de un prestidigitador habilidoso, coquetamente desprolijo, programática -y no por eso menos sinceramente- minusválido.

Juana Manuela se asoma al mundo y justifica la razón de su entrega: yo vieja, yo escritora y, sobre todo, yo desposeída.

La deuda patria es una deuda de sangre. Juana Manuela poseedora de una herencia de heroísmos familiares no puede ser menos. Recopilar y ordenar los sentidos que labraron su apellido en el mapa nacional será una tarea constante. Hincarse ante el paisaje y recorrerlo, colgarse de la historia y repetirla.

El terruño natal es el telón de fondo de esa apuesta: la épica reconoce en la naturaleza los rieles de la historia. Hay una enmienda, una causa para seguir. Es en este punto donde la escritura se convierte en desafío y la interpelación a los contemporáneos en demanda. La memoria de la deuda la obsede. El peso de kilómetros y moneda nacional, de ganado y tesoro no se cierra. El arca forma un doble hueco: donde yacen los héroes tumbados en olvido (José María, su padre; Juan María y Pachi, sus tíos, y tantos otros) y donde el dinero se ha vaciado por servir a la patria. Fomentar el valor de esas pérdidas de la urna funeraria y el cofre monetario es el complemento imprescindible para vehiculizar una escritura que si bien se sostiene por sí sola carece del soporte material y debe esperar de la beneficencia (tal es el caso de Sueños y realidades, 1865) o de una aleatoria y demasiado prosaica casa de seguros (como en Oasis en la vida, 1888 (2)) para acceder a la imprenta.

Las letras de molde dan forma sin cesar a las dificultades de una mujer en el siglo XIX para obtener el rango público de la escritura.

IV- "Cuando yo era mujer"

En el panteón heroico y familiar faltan mujeres, ellas apenas pasan, peregrinas, como las sombras de sus narraciones. Aquella filiación se desdibuja. Juana Manuela será Gorriti todo el tiempo (en tanto, la sincronía onomástica la dejará de cara a cara frente a Rosas: menos una fatalidad que una costumbre).

Gorriti abre sus páginas de Lo íntimo (tras el prólogo), trazando -de acuerdo a un paradigma autobiográfico- su genealogía. Allí, los Gorriti se lucen con su pasado de cargos y heroísmo.

Genealogía paterna, Gorriti no hace la de la madre (sin nombres tan retumbantes), a pesar de que por otras fuentes sabemos, por ejemplo, que se educa no sólo con su tío Juan Ignacio, el presbítero, sino también con el doctor Facundo de Zuviría, su tío materno. Este rasgo resulta aún más llamativo al advertir que de los diez miembros de la familia Gorriti sólo se seleccionan Juan Ignacio, José Ignacio, Celedonio y Francisco (Pache o Pachi), es decir los cuatro varones, mientras que las hermanas son silenciadas. Todos estos hombres tienen incidencia directa en la historia nacional. La sola excepción respecto de las seis mujeres la constituye Isabel, quien aparece como manteniendo los dos nombres de sus hermanos y de la cual lo único que se predica es en relación a ellos y al padre: "la menor de los hijos de Don Ignacio de Gorriti, apegada con filial afecto a su hermano canónigo, compañera suya durante toda su vida y tomando parte activa en la política de éste" (LI, p. 13).

Sigue la escritora con el árbol y llega al casamiento de sus padres y a la mención de sus hermanos. La historia se repite, hará las referencias correspondientes a Ramón, Pedro, Tadeo y Rafael (cuatro hermanos: cuatro víctimas de traición), olvidará a Juana María y a Carmen y sólo se detendrá en Mariana, quien quizá es salvada para la historia literaria de Lo íntimo por haber padecido una muerte póetica, romántica, con enigmas y jilgueros de los que le gustaban a Juana Manuela para sus ficciones.

Sin embargo, después hará algunas menciones esporádicas de las mujeres de su familia. Realizará una de las tantas estaciones del diario en el cementerio al cual desea penetrar y "...donde reposan mis hijos, donde reposa mi madre, donde reposa mi hermana..." (LI, p. 55). Mujeres muertas, [[questiondown]]y las hermanas vivas?, nunca habla de ellas.

Entre vivas

Juana Manuela Gorriti en su relación con las mujeres del entorno instaura un circuito de citas donde se cruzan la amistad y la consanguineidad, el reproche, el respeto profesional y la adulación, la imitación y la ayuda, el reconocimiento y el éxito, la preceptiva y la admiración, la pedagogía y la crítica, la ficción y el periodismo, las estadías y los viajes, los anfitriones y los huéspedes, las tertulias y las cartas y el diario, los homenajes y los olvidos, los apellidos y los hombres, el saludo y el epitafio.

Juana Manuela Gorriti, como la gran diva del movimiento literario argentino (y acaso latinoamericano) decimonónico, es la mujer del desafío y la ternura. Provocativa y maternal a un tiempo, consciente de su rol, de las determinaciones de su sexo, de las construcciones que en torno a él hacen sus contemporáneos. "Nada hay más despiadado para una mujer como su sexo", sentencia convencida frente a Lo íntimo que planeaba publicar. Sabe que todavía le falta contar algo, que su vida es interesante, y selecciona -en función de sus propios fervores y comodidades- nostalgias y polémicas -y acaso también en función de sus pudores-; decisión de escritura gracias a la cual es difícil llenar algún hueco pendiente.

Si una (auto)biografía es siempre el trazo de una memoria selectiva o una exhumación minuciosa y necesariamente fragmentada, un diario es el desafío de una perioricidad que se quiebra en los avatares del cansancio y las imposibilidades del presente. La (auto)biografía enfrenta las descomunales vallas que el pasado interpone; el diario, como escritura de la inmediatez y a veces hasta de la urgencia, tiene que pensar a futuro. La autobiografía oprime, el diario desgarra. El diario propicia el fragmento y la violación. La autobiografía, la monumentalidad y un sistema en donde lo conocido se resignifica. Pero, fundamentalmente, la autobiografía permite trazar causalidades que el diario, en sentido estricto, nunca podría prever, narrar los hechos primeros a la luz de los últimos.

V- Una presa del sepulcro

"Yo quisiera ocuparme de mi libro Lo íntimo; añadir algo a lo ya escrito, pero me encuentro tan mal que me es imposible. Soy una presa del sepulcro, por más que le dé vueltas a la vida" (LI, pp. 148-9).

En el repliegue del texto sobre sí mismo (Lo íntimo aludiendo a Lo íntimo) se inscribe el destino, "añadir algo a lo ya escrito" es también sumarle a lo determinado algo de la literatura, escribir más allá o por encima de esa escritura previa y fatal. Gorriti así sobreescribe (más que reescribe) su vida, y lo que sobra en esa escritura de la vida es precisamente la muerte.

Juana Manuela es una presa del sepulcro no sólo por hallarse al borde de la muerte sino mucho más aún por no poder dejar de hablar de ella, por repetir la muerte de los otros en sus textos una y otra vez (especialmente en Lo íntimo), por anunciar la propia. Una previsible disputa de lugares, [[questiondown]]la muerte se apropia de Gorriti o Gorriti de ella? Literatura que sabe de los romanticismos inherentes a las muertes pero también de su dolor irreversible. Juana Manuela escribe su propio epitafio.

Literalmente, con la tapa Lo íntimo llega a un tope. Escritura que se fuerza hasta el límite, límite de lo posible (de lo que el cuerpo le permite a la autora), límite de lo narrable (de lo que la literatura le permite a la narradora). La escritura demarca su propia sobrevivencia y defunción. La función del diario perece allí donde la vida anuncia estrepitosa su fin. Lo extratextual incontrolable irrumpe en el texto como materia que es preciso consignar. Puesto que no puedo narrar mi muerte (ni mi vida) narro mi enfermedad, el abandono de mis fuerzas, la (im)posibilidad de escribir.

La biografía deviene una thanatografía en la escritura recoleta de Lo íntimo.

Presa de la escritura, aferra la palabra mientras pierde vertiginosamente el cuerpo. La voz se apaga, la intimidad subleva su exhibición y su demanda.

La trascendencia perseguida la absuelve, los tres dedos que sostienen la pluma marcan ahora los tres puntos que la suspenden en la fase terminal, la última frase, que mientras enuncia su final paradójicamente lo conjura en la afirmación del "para siempre...".

NOTAS
(1) Cuando hable de diario en el caso de Lo íntimo no lo haré en sentido estricto, no resulta posible, tampoco como autobiografía; es preferible pensar este texto algo atípico como si el mismo título construyera su género. Todas las citas de Lo íntimo corresponden a la primera edición: Buenos Aires, Ramón Espasa, s/f (1893?).

(2) Editado por F. Lajouane, "impreso por la Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco", y dedicado "A `La Buenos Aires'", que si apenas abierto el libro encierra la ambigüedad suficiente como para pensar en el amor a la ciudad del Plata, transcurridas sus páginas una decisión inverosímil de la autora al interior del texto puede sacudir al lector. No es la pasión urbana sino la necesidad y las condiciones materiales de producción lo que determinan a Gorriti a escribir su texto para una compañía de seguros. F. Masiello se refirió a Oasis en la vida en "Voces de(l) Plata: dinero, lenguaje y oficio literario en la literatura femenina de fin de siglo", en Lea Fletcher (comp.), Mujeres y Cultura en la Argentina del siglo XIX, Buenos Aires, Feminaria Editora, 1994.

Juana M. Gorriti: narradora de su época

Por Mary G. Berg
Harvard University




Juana Manuela Gorriti es, sin duda, la más insistente
y la más convocante de las escritoras del siglo pasado”
María Gabriela Mizraje



Juana Manuela Gorriti, una de las novelistas más renombradas del siglo XIX, famosa por sus tertulias literarias convocadas durante décadas en Lima y Buenos Aires y por sus más de setenta novelas, memorias, biografías y colecciones de cuentos, todavía representa una figura ejemplar de liberación femenina. Su vida aventurosa ha sido enfoque en el siglo XX de una serie de novelizaciones, las más reciente la exitosa Juanamanuela mucha mujer de Martha Mercader (Buenos Aires, 1980) y En las nieves rosadas del Ande de Joaquín Aguirre Lavayen (Santa Cruz de la Sierra, 1991). Parece que Gorriti nació rebelde y prosiguió durante toda su vida el camino --literalmente, por ser viajera casi constante-- de desafío al conformismo.

Juana Manuela Gorriti nació en Horcones, hacienda situada en la provincia de Salta, Argentina, el 15 de junio de 1818, en plena época revolucionaria, en el seno de una familia dedicada a la causa de la independencia. Su padre, José Ignacio Gorriti, combatió al lado del General Belgrano en las batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813), fue delegado al Congreso de Tucumán en 1816 y también gobernador de Salta en dos ocasiones.

Juana Manuela Gorriti fue la séptima de ocho hijos. Pasó sus primeros años en el rancho de Horcones, donde su padre era comandante de una fuerza armada, primero como coronel y después en calidad de general. Allí conoció la pequeña Gorriti al General Güemes, el famoso líder de las tropas gauchas de Salta. Existen varios relatos que describen a Juana Manuela Gorriti como una niña excepcionalmente despierta y bonita, con rizos dorados y ojos vivaces, temeraria y aventurera. Cuando tenía unos seis años, una de sus tías se la llevó a Salta para estudiar en una escuela de convento, pero como la niña no pudo tolerar que la encerraran, se enfermó y poco depués volvió a su casa, acabando así su educación formal. Se convirtió en una lectora ávida de cualquier libro que caía en sus manos, y escribía cuentos desde muy joven. El 13 de noviembre de 1831, después de varios años de guerra civil, el general Gorriti, quien combatía en el lado unitario, fue derrotado por el federalista Juan Facundo Quiroga, el temido "Tigre de los Llanos." El general Gorriti huyó a Bolivia, donde se estableció en Tarija, cerca de la frontera, y después en Chuquisaca, donde estaba exiliado su hermano, el canónigo Juan Ignacio Gorriti, célebre activista del movimiento de independencia. José Ignacio Gorriti fue acompañado en su exilio por toda su familia y también por los generales Puch y Arenales y otras dos mil personas que cruzaron la frontera de Bolivia con él. José Ignacio Gorriti murió en Chuquisaca en 1835.

En 1832, la joven Juana Manuela Gorriti conoció a Manuel Isidoro Belzú, oficial del ejército boliviano, y se casó con él en 1833, a los catorce años. Al parecer, Gorriti tuvo tantos problemas para adaptarse a su vida de casada como los tuvo para ser pupila dócil en el convento. Muchos años despues, incluyó una serie de memorias de estos días en su colección Misceláneas; recuerda cómo era vivir en pueblitos bolivianos dónde los soldados jóvenes y sus mujeres se divertían (escandalosamente, se decía) con fiestas, apuestas, charadas y juegos. En los altos círculos sociales bolivianos, se hablaba mucho de la conducta poco decorosa de los cónyuges: se decía que Belzú tenía muchísimas amantes, y que su esposa se comportaba con poca seriedad y que era muy amiga del entonces presidente Ballivián. Pero el sumamente ambicioso Belzú avanzó rápidamente en su carrera. Nacieron de esta unión dos hijas, Edelmira y Mercedes. Se dice que Gorriti hizo un viaje a Horcones en 1842, pero que después de una breve visita retornó a La Paz, donde se dedicó a sus hijas y a escribir.

Cuando Belzú fue desterrado por conspirar contra el gobierno, su mujer y sus hijas le acompañaron al Perú. La quena, una novela juvenil de Gorriti, una historia de amor entre una princesa incáica y un español, quizás escrita cuando la autora tenía dieciocho años, fue publicada por entregas en La Revista de Lima en 1845, la primera de muchas novelas, artículos y cuentos que publicaría rápidamente uno detrás del otro. Más adelante, Belzú volvió a Bolivia solo y fue ministro bajo el mando del general Velasco, quien subió a la presidencia en 1847. Belzú encabezó un golpe militar que derrocó a Velasco en diciembre de 1848. Gobernó como dictador hasta 1850 y como presidente constitucional de 1850 a 1855. Gorriti permaneció en Lima con sus hijas, y para mantenerse abrió una escuela
primaria y también un colegio para señoritas. Inició una serie de veladas literarias que atrajo a los escritores más destacados de la época, como Ricardo Palma, Carolina Freire de Jaimes, Abelardo Gamarra, Juana Manuela Lazo de Eléspuro, y muchos otros. Años después Ricardo Palma la recordaría con cariño: “La Gorriti, sin escribir versos, era una organización altamente poética. Los bohemios la tratábamos con la misma llaneza que a un compañero, y su casa era para nosotros un centro de reunión.” Su hija Edelmira volvió a Bolivia y se casó con el general Jorge Córdoba, quien sucedió a Belzú en la presidencia en 1855. Gorriti tuvo otros dos hijos en Lima: Julio Sandoval y Clorinda Puch. Aunque nunca reveló quiénes eran los padres (por lo menos en sus escritos publicados - se puede soñar que algún día se encuentren cartas suyas), Clorinda y Julio vivieron muy abiertamente con su madre. Clorinda murió en la adolescencia, pero Julio seguía siendo el compañero fiel de su madre hasta que ésta murió. Durante todos estos años juveniles en Lima, ella siguió escribiendo y publicando prolíficamente en revistas peruanas como El Liberal, Iris y La Revista de Lima, y argentinas como la Revista del Paraná y La Revista de Buenos Aires. Los diarios de Lima publicaron sus novelas por entregas en los suplementos y éstas eran reproducidas en muchos diarios y revistas de Chile, Colombia, Ecuador, Argentina (después de la caída de Rosas) e incluso en Madrid y París.

En 1863, se anunció la publicación en Buenos Aires de una edición de dos volúmenes, por suscripción, de novelas cortas y ensayos de Juana Manuela Gorriti, con el título de Sueños y realidades. En tres ocasiones se perdieron los manuscritos cuando transitaban hacia Buenos Aires y Gorriti los tuvo que volver a escribir a partir de sus apuntes. Los volúmenes por fin fueron publicados en 1865, recibieron críticas muy favorables, y Gorriti fue aclamada como escritora argentina, a pesar de que llevaba tantos años viviendo en el extranjero.

Bolivia había padecido golpes militares en 1857, en 1860, y en 1864, el último cuando Melgarejo derrocó a Achá. Justo cuando Melgarejo estaba consolidando su poder, Belzú retornó de Europa, reunió a sus tropas y marchó hacia La Paz, donde fue aclamado por las multitudes. Su hija Edelmira encabezó los combates callejeros contra Melgarejo. En el momento de proclamar su triunfo el 28 de marzo de 1865, Belzú fue asesinado por el propio Melgarejo, que simuló abrazarle y le apuñaló. En esa misma época, Juana Manuela Gorriti estaba en La Paz para visitar a sus hijas; como en Lima, había abierto una escuela para señoritas y escribía prolíficamente. Aunque nunca se había reconciliado con su esposo, y que se sepa, no tuvieron contacto directo en los veinte años desde su separación, cuando le comunicaron la muerte de Belzú, era evidentes la confusión general y la necesidad de alguien que se encargara de reestablecer el order. Como viuda ejemplar, Gorriti exigió que le entregaran el cuerpo de Belzú y, apoyada por sus hijas, organizó un velorio al que asistió muchísima gente. Más de ocho mil personas, principalmente mujeres, se reunieron en las exequias de Belzú para escuchar la oración de Gorriti que rendía un elocuente tributo a la gran popularidad pública de su marido. Gorriti se convirtió en la figura que encabezaba un movimiento que exigía venganza por la muerte de Belzú y, por este motivo, al poco tiempo tuvo que salir de Bolivia. Volvió a establecerse en Lima. Escribió una biografía sumamente discreta de Belzú, publicada en Panoramas de la vida de 1876, que dice de sus problemas matrimoniales solamente que “demasiado jóvenes ambos esposos, no supieron comprender sus cualidades ni soportar sus defectos y aquellas dos existencias se separaron para no volver a reunirse sino en la hora suprema al borde del sepulcro.”

Cuando los españoles sitiaron a Callao, Perú en 1866, Juana Manuela Gorriti se convirtió en una heroína de la resistencia peruana, arriesgando su vida una y otra vez para rescatar heridos. Luego le fue concedida la condecoración más importante otorgada por el gobierno peruano al valor militar: la Estrella del 2 de mayo. Publicó varias versiones de sus memorias de esta invasión.

Gorriti siguió publicando novelas y ensayos; una serie de sus novelas cortas apareció en 1874 en El Album de Lima, fundado por su amiga, la escritora peruana Carolina Freyre de Jaimes. En 1874, Gorriti y el poeta Numa Pompilio Yona fundaron el periódico La Alborada de Lima. En febrero de 1875, Gorriti salió de Lima, pasando por Valparaiso y Montevideo en camino a la Argentina. Estaba en Buenos Aires en 1875 cuando el Senado y la Cámara de Diputados aprobaron una ley especial mediante la cual el gobierno argentino se le proporcionó una pensión por ser hija del general Juan Ignacio Gorriti. Se anunció la publicación en dos tomos de obras suyas bajo el título Panoramas de la vida, y Gorriti se apresuró para terminar su nueva novela Peregrinaciones de una [sic] alma triste para poder incluírla en la colección. La novela relata la aventuras de una viajera peruana muy observadora que recorre altiplanos andinos y selvas amazónicas, zonas rurales y ciudades, pasando por Chile, Paraguay, y Argentina hasta el Brasil. Gorriti dedicó Peregrinaciones a las mujeres de Buenos Aires y los volúmenes se publicaron en 1876. Un grupo de admiradores de la autora reunió un álbum con unas sesenta composiciones escritas en su honor y se lo ofreció en una reunión pública el 18 de septiembre de 1875. Las damas de Buenos Aires también organizaron una ceremonia en honor de Gorriti el 24 de septiembre, 1875, y ahí le ofrecieron una estrella de oro grabada. En noviembre de 1875 Gorriti retornó a Lima, donde fue recibida con entusiastas ceremonias. Volvió a abrir su escuela, y su salón literario era de nuevo el más prestigiado de Lima. Allí se reunían narradores como Ricardo Palma, Clorinda Matto, Mercedes Cabello, y otros artistas y escritores. Los miércoles por la noche, un grupo de treinta a cuarenta mujeres y hombres solía reunirse durante unas seis a ocho horas para escuchar presentaciones de música, recitaciones de poesía y narrativa, conferencias y discusiones sobre temas de actualidad. Muchas de las conferencias estaban relacionadas con la educación de las mujeres y con el papel de éstas en la sociedad contemporánea. Se exhibían cuadros y dibujos. Las actas de diez de estas veladas (del 19 de julio al 21 de septiembre de 1876) se publicaron en 1892, en un tomo proyectado como el primero de una serie. Estas actas y los muchos comentarios periodísticos sobre estas reuniones ofrecen un fascinante panorama de la intensidad de la vida intelectual de Lima en aquella época. En estas veladas, Juana Manuela Gorriti presentó una serie de textos originales, al igual que su hija, Mercedes Belzú de Dorada, poeta muy admirada.

Al expirar su visa peruana, Gorriti retornó por mar a Buenos Aires a finales de 1877. Viajó por el norte de la Argentina en enero de 1878, pero fue detenida en Tucumán por inundaciones durante dos meses y no pudo llegar a Salta, lugar que
habría querido volver a visitar. Los siguientes meses de 1878 los dedicó a preparar una nueva colección de relatos, discursos, recuerdos de viajes y otros ensayos, la cual fue publicada a finales del año bajo el título de Misceláneas. En aquellos días, inició su amistad con la escritora Josefina Pelliza. En julio de 1878 recibió noticias de que su hija Mercedes estaba enferma en el Perú. Cuando Mercedes murió en abril de 1879, Gorriti quiso volver a Buenos Aires pero no pudo hacerlo por la guerra entre Chile y la alianza de Perú y Bolivia. Presenció los asaltos de Lima en 1881 y escribió sobre la devastación ocasionada por la guerra. No fue hasta fines de 1882 que pudo regresar a Buenos Aires, después de una estadía en La Paz, pero pronto solicitó otra visa para salir, la cual le fue concedida el 28 de agosto de 1883.

Gorriti regresó por mar al Perú y llegó a Lima a principios de 1884, pero, siempre anhelante de cambio y de aventura, volvió a partir para Buenos Aires a finales de ese mismo año. En agosto de 1886 visitó Salta, viajando por ferrocarril hasta donde era posible. La tierra natal, publicada en 1889, describe el regocijo de este viaje al lugar donde había pasado su niñez. Al volver a Buenos Aires estuvo rodeada de buenos amigos y siguió escribiendo novelas y comentarios sobre la vida contemporánea. Fundó el periódico La Alborada Argentina, donde publicó elocuentes artículos sobre la capacidad, los derechos y la educación de las mujeres. Josefina Pelliza, Eduarda Mansilla y muchas otras escritoras se unieron con ella en esta investigación y exploración del papel de la mujer en la vida pública nacional. En 1886, Gorriti publicó El mundo de los recuerdos, otra colección de cuentos, leyendas, artículos y memorias.

Oasis en la vida, una novela corta, apareció en 1888, un libro de recetas culinarias en 1890, y una serie de biografías breves (Perfiles) en 1892. Trabajó en una nueva serie de memorias que serían publicadas bajo el título de Lo íntimo en 1893. Padeció de neuralgias durante varios años y murió de pulmonía el 6 de noviembre de 1892, a los setenta y cinco años, en Buenos Aires. Su funeral fue una ocasión pública donde el poeta Carlos Guido y Spano y otras personalidades pronunciaron oraciones. Varios diarios de Buenos Aires, Lima y La Paz dedicaron números a artículos sobre Juana Manuela Gorriti y su obra. Clorinda Matto de Turner, el 19 de noviembre de 1892, en Los Andes de Lima, escribió un resumen de la vida de su amiga que incluía una larga lista de los libros más conocidos de Gorriti y recordaba a sus lectores que "ninguna otra escritora Americana y aún europea puede ofrecer al mundo de las letras un legado más rico."

La gran originalidad de Juana Manuela Gorriti consiste no solamente en su producción de una inmensa cantidad de relatos cuyo interés perdura hasta hoy, sino en la fusión extraordinaria de su propia voz personal con los temas históricos de sus narraciones; combinó sus propias memorias con la ficción, su autobiografía con sus invenciones. Durante las primeras décadas del siglo XX, como los escritos de Gorriti no cabían bien dentro de las fórmulas y definiciones convencionales que la historia literaria establecía para la novela y el cuento, sus obras se leían menos. Pero ahora, con nuevo interés en las formas híbridas de la expresión narrativa, y con más admiración por las mujeres transgresoras y desobedientes, sus libros se editan de nuevo y se comentan con gran entusiasmo. Cristina Iglesia, en su prólogo a El ajuar de la patria: Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti (1993), observa que “sin duda la mayor audacia de Gorriti consiste en postularse como escritora patriota y narrar desde allí la leyenda nacional. Escribe sobre ‘cuestiones de hombres’ y, al hacerlo, entabla con los escritores una disputa. Toda su obra puede leerse como la voluntad de sostener este desafío.”

BIBLIOGRAFIA
Obras principales de Juana Manuela Gorriti, en orden cronológico:



Un año en California. Buenos Aires: El Nacional, 1864. Revisado y reimpreso en Panoramas de la vida como "Un viaje al país del oro".

Sueños y realidades. Ed. Vicente G. Quesada. Intro. José María Torres Caicedo. Epílogo y selección de reseñas periodísticas de Vicente G. Quesada. 2 vols. Buenos Aires: Casavalle, 1865. Segunda edición, con prol. José María Torres Caicedo. 2 vols. Buenos Aires: Biblioteca de "La Nación", 1907.

Biografía del general Don Dionisio de Puch. Paris: n.p., 1868. Vida militar y política del general Don Dionisio de Puch. 2a edición, corregida y aumentada. Paris: Imprenta Hispano-americana de Rouge Hermanos y Comp., 1869.

El pozo del Yocci. Paris: n.p., 1869. También ed. prol. Arturo Giménez Pastor. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, Instituto de Literatura Argentina, Sección de documentos, Serie 4, Novela, vol. 1, 5, 1929.

Panoramas de la vida; colección de novelas, fantasías, leyendas y descripciones americanas. Prol. Mariano Pelliza. 2 vols. Buenos Aires: Casavalle, 1876.

Misceláneas; colección de leyendas, juicios, pensamientos, discursos, impresiones de viaje y descripciones americanas. Intro. y Biog. Pastor S. Obligado. Buenos Aires: Imprenta de M. Biedma, 1878.

El mundo de los recuerdos. Buenos Aires: Félix Lajouane, editor, 1886.

Oasis en la vida. Buenos Aires: Félix Lajouane, editor, 1888.

La tierra natal. Prol. Santiago Estrada. Buenos Aires: Félix Lajouane, editor, 1889.

Cocina ecléctica. Buenos Aires: Félix Lajouane, editor, 1892. 2a. ed. Buenos Aires,: Librería Sarmiento, 1977. Pról. y ed. de Miguel Brascó.

Perfiles (Primera parte). Buenos Aires: Félix Lajouane, editor, 1892.

Veladas literarias de Lima, 1876-1877; tomo primero, veladas I a X. Buenos Aires: Imprenta Europea, 1892.

Lo íntimo de Juana Manuela Gorriti. Prol. Abelardo M. Gamarra. Buenos Aires: Ramón Espasa, 1893. 2a. ed. Juana Manuela Gorriti y Lo Intimo Pról. de Alicia Martorell. Salta: Fundación del Banco del Noroeste, 1992.

El tesoro de los incas (leyenda histórica). Intro. José María Monner Sans. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, Instituto de Literatura Argentina, Sección de documentos, Serie 4, Novela, vol. 1, 6, 1929.

Páginas literarias: leyendas, cuentos, narraciones. Prol. Antonio Sagarna. Buenos Aires: El Ateneo, 1930.

Narraciones. Ed. y Prol. W.G. Weyland (Silverio Boj). Buenos Aires: Ediciones Estrada, l946.

Relatos. Ed. y Prol. Antonio Pagés Larraya. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1962.

Obras completas. Salta, Fundación del Banco del Noroeste, 6 tomos, 1992-

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Alamprese, R. E. Juana Manuela Gorriti. Buenos Aires: n.p., 1935.

Batticuore, Graciela. El taller de la escritora: Veladas Literarias de Juana Manuela Gorriti: Lima-Buenos Aires (1876/7–1892). Buenos Aires: Beatriz Viterbo Editora, 1999.

Berg, Mary G. “Juana Manuela Gorriti (1818-1892)”, en Escritoras de Hispanoamérica. Ed. Diane E. Marting, Pról. Montserrat Ordoñez. Bogotá: Siglo Veintiuno, 1992, 231-245.

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Chaca, Dionisio. Historia de Juana Manuela Gorriti. Buenos Aires: Imprenta "El Centenario" de Bruno Laria, 1940.

Conde, Alfredo O. Ideas de Juana Manuela Gorriti. Buenos Aires: Instituto Cultural Joaquín V. González, 1945.

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Denegri, Francesca. El Abanico y la Cigarrera: La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú 1860-1895. Lima, Flora Tristán/ IEP, 1996.

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Efrón, Analía. Juana Gorriti: Una biografía íntima. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998.

Estrada, Santiago. "Juana Manuela Gorriti." Misceláneas. Barcelona: Henrich y Cía., 1889. También como prólogo a La tierra natal, por Juana Manuela Gorriti. Apareció primero en in El Diario. (Buenos Aires) Nov. 5, 1888.

Gamarra, Abelardo M. "Prólogo". Lo íntimo. Por Juana Manuela Gorriti. Buenos Aires: Ramón Espasa, 1893. i-viii.

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Iglesia, Cristina, compiladora. El Ajuar de la patria: Ensayos críticos sobre Juana Manuela Gorriti. Buenos Aires: Feminaria Editora, 1993. Contiene ensayos de Graciela Batticuore, Cristina Iglesia, Josefina Iriarte y Claudia Torre, Francine Masiello, Isabel Quintana, y Liliana Zuccotti.

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1Publicado originalmente en Las desobedientes: Mujeres de nuestra América, eds. Betty Osorio y María Mercedes Jaramillo. Bogotá: Panamericana Editorial, 1997. 131-146.

jueves 30 de abril de 2009

Programa 2009

PROBLEMÁTICAS DE LAS LITERATURAS
ARGENTINA E HISPANOAMERICANA
Año 2009
Carrera: LETRAS
Área: Literaria
Plan de Estudios: 2000
Régimen: Anual
Cantidad de horas teórico-prácticas: 3
La materia podrá ser cursada en carácter de Seminario por estudiantes del Plan 1992

Docentes responsables: Dra. Elena Altuna Mg. Amelia Royo
Jefe de Trabajos Prácticos: Esp. Rafael Gutiérrez.
Equipo Adscrito: Prof. Teresita Martínez.
Estudiante Alejandra López.


FUNDAMENTACIÓN:
A partir de la ruptura de la noción clásica de “literatura” producida por el Postestructuralismo y ante la actual complejidad del campo de estudios y la diversidad de sus objetos, se impone como tarea urgente la explicitación de los criterios subyacentes a los fenómenos literarios.
En este marco, la Asignatura es concebida como un espacio de diálogo y reflexión acerca de los criterios que posibilitan la construcción de las literaturas argentina e hispanoamericana, así como revisar la noción de “sistema”, la “región”, el “periodo”, la institución literaria y sus componentes, los géneros “menores”, etc.
Por lo tanto, esta Asignatura presupone el conocimiento previo de los textos representativos de las literaturas mencionadas, entendiendo por “representativos” aquellos que conforman los momentos claves en los que se configura un sistema literario con suficiente densidad como para tener una significación cultural amplia.
OBJETIVOS:
Que los estudiantes:

1. Visualicen la complejidad de los procesos de constitución del plurisistema literario hispanoamericano y el especial lugar que le cabe a la literatura argentina.
2. Infieran las particularidades de los textos a partir del análisis de los contextos de producción.
3. Profundicen su actitud reflexiva y crítica sobre la base de las lecturas y del aparato teórico-metodológico.
Produzcan trabajos críticos en la búsqueda del sentido del discurso literario.
CONDICIONES PARA REGULARIZAR LA MATERIA:
80 % de asistencia a las clases teórico- prácticas.
80 % de trabajos prácticos aprobados.
Examen final conforme a reglamento.
CONDICIONES PARA PROMOCIONAR LA MATERIA:
90 % de asistencia a clases teórico- prácticas.
100 % de trabajos prácticos aprobados.
100 % de trabajos prácticos especiales para promocionales.
Trabajo final de tipo analítico sobre un tema elegido por el estudiante. El trabajo deberá abordar algunas de las líneas planteadas en el curso. Su extensión será de 10 a 15 páginas. Precede a la versión final del trabajo la entrega de una bibliografía anotada.
Coloquio Final
METODOLOGÍA:
Las clases tendrán carácter teórico-práctico, de modo tal que los estudiantes realicen los análisis textuales de forma conjunta con el equipo de cátedra. Asimismo, se orientarán los trabajos escritos con miras a superar instancias ya alcanzadas en las asignaturas correlativas. En algunos tramos del desarrollo del curso se fomentará la conformación de grupos autogestionarios.
CORRELATIVIDADES: Literatura Hispanoamericana – Literatura Argentina.
PROGRAMA
I. Literaturas continentales, regionales y nacionales. Los sistemas literarios como “constructos”. Contactos intersistémicos. El comparatismo contrastivo.
· Itamar Even-Zohar, “Teoría del Polisistema”.
· Ana Pizarro, La literatura latinoamericana como proceso.
· Raymond Williams, Marxismo y Literatura.
1- Historiografía literaria y crítica historiográfica: criterios subyacentes a su construcción.
· Ricardo Rojas: Historia de la literatura argentina.
· Luis Iñigo-Madrigal, Historia de la literatura hispanoamericana.
· Cedomil Goic, Historia de la novela hispanoamericana.
· Carlos García-Bedoya, La literatura peruana en el periodo de estabilización colonial.
· Martín Prieto. Breve historia de la literatura argentina.
· Noé Jitrik , Historia Crítica de la Literatura Argentina.
II - La escritura autobiográfica. Estrategias de ficcionalización en la construcción del sí mismo. Diversas modulaciones del género.
· Juana Manuela Gorriti, Lo íntimo.
· Reinaldo Arenas, Antes que anochezca. Autobiografía.
· Violeta Parra, Décimas.
· Lucio V. Mansilla, Mis Memorias. Infancia y adolescencia.
· Jorge Luis Borges, Autobiografía.

III. La figura del intelectual en América latina. Perspectivas recientes acerca de su articulación con experiencias históricas. Dimensiones sociales y políticas de la práctica intelectual.
· Ángel Rama, Diario. 1974-1983.
· Beatriz Sarlo, La pasión y la excepción.

IV. El discurso literario en la formación de identidades nacionales-identidades literarias.
· Sebastián Salazar Bondy, Lima, la horrible.
· Fernando Ortíz, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar.
· Manuel Gálvez, El diario de Gabriel Quiroga.
V. Géneros primarios. Letristas y guionistas.
· Víctor Jara. Selección de letras de canciones.
· Alfredo Zitarrosa. Selección de letras de canciones.
· Héctor Oesterheld, El Eternauta.
BIBLIOGRAFÍA
1. Textos de lectura obligatoria
I.
Cornejo Polar, Antonio, “Los sistemas literarios como categorías históricas. Elementos para una discusión latinoamericana”, en RCLL, año XV, nº 29, 1989.
Even-Zohar, Itamar, “Teoría del Polisistema” en Poetics and Comparative Literature. Tel Aviv, 1978.
García-Bedoya, Carlos, La literatura peruana en el periodo de la estabilización colonial. Lima: UNMSM-Fondo Editorial, 2000.
Goic, Cedomil, Historia de la novela hispanoamericana. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972.
Iñigo-Madrigal, Luis (coord.), Historia de la literatura hispanoamericana. Madrid: Cátedra, 1982. Kaliman, Ricardo, “La palabra que produce regiones” en Cuadernos de Cultura, Salta: Fundación del Banco Credicop, 1993.
Langer, Eric, “Períodos y regiones: una perspectiva histórica” en Memorias de JALLA 95, Vol I Cap. II, 1997.
Pizarro, Ana, La literatura latinoamericana como proceso. Buenos Aires: CEAL, 1985.
Rojas, Ricardo, Historia de la literatura argentina. Buenos Aires: Kraft, 1960.
Williams, Raymond, Marxismo y Literatura. Barcelona: Península, 1997.

II.
Arenas, Reinaldo, Antes que anochezca. Autobiografía. Barcelona: Tusquets, 2006.
Borges, Jorge Luis y Norman Thomas di Giovanni, Autobiografía. 1899-1970. Buenos Aires: El Ateneo, 1999.
Gorriti, Juana Manuela, “Lo íntimo”, en Obras Completas, Tomo VI. Salta: Instituto “Berta Vidal de Battini”, 1999.
Lucio V. Mansilla, Mis memorias. Infancia y adolescencia. Buenos Aires: CM Editores, 2006.
Parra, Violeta, Décimas. Autobiografía en verso, Buenos Aires: Sudamericana, 1988.
Rama, Ángel, Diario. 1974-1983. Caracas: Trilce y La nave va, 2001.
Sarlo, Beatriz, La pasión y la excepción. Buenos Aires: Siglo XXI, 2003.
III
Altamirano, Carlos y Beatriz Sarlo, “La Argentina del Centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos”, en Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia, Buenos Aires: Ariel, 1997
Arias Saravia, Leonor Argentina en clave de metáfora, Bs. As. : Corregidor, 2000.
Flawia de Fernández, Nilda, Caminos del ensayo: el país como reflexión, Tucumán: Universidad Nacional de Tucumán, 2007.
Gálvez, Manuel, El diario de Gabriel Quiroga, Buenos Aires, Taurus, 2001.
Gramuglio, María Teresa, “Novela y nación en el proyecto literario de Manuel Gálvez” en Jitrik, Noé (Dir.), Historia crítica de la Literatura argentina, El imperio realista, Tomo VI, Buenos Aires: Emecé, 2002.
Gramuglio, María Teresa, “Estudio preliminar” a Gálvez, Manuel, El diario de Gabriel Quiroga, Buenos Aires: Taurus, 2001.
Kaliman, Ricardo: Alhajita es tu canto. El capital simbólico de Atahualpa Yupanqui., Universidad Nacional de Tucumán: IHPA. 2004
Laffogue, Jorge y Rivera, Jorge, “Manuel Gálvez y la tradición realista”, en Historia de la literatura argentina, Tomo III, Buenos Aires: C.E.A.L, 1980.
Ortíz, Fernando, Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar. Caracas: Monte Ávila: Ayacucho, 1978.
Rubione, Alfredo, “Enrique Larreta, Manuel Gálvez y la novela histórica” en Jitrik, Noé (Dir.), Historia crítica de la literatura argentina. El imperio realista, Tomo VI, Buenos Aires: Emecé, 2002.
Salazar Bondy, Sebastián, Lima, la horrible. México: Era, 1974.
IV
Capanna, Pablo (comp.), El cuento argentino de ciencia ficción (Antología), Buenos Aires: Nuevo Siglo, 1995.
Deleuze, Gilles y Félix Guattarì, Kafka, por una literatura menor, México: Era, 1978.
Eco, Humberto, Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas, Barcelona: Lumen, 1968.
Gociol, J. y D. Rosemberg, La historieta argentina. Una historia, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2000.
Oesterheld, Héctor , El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción, Buenos Aires, Colihue, 1996.
Rivera, Jorge, “Las literaturas marginales’”, en Historia de la literatura argentina, Tomo V, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1982.
2. Bibliografía general
I.
Ansinas, Fernando, “¿Espacio mítico o utopía degradada? Por una geopoética de la ciudad en la narrativa”, en Espacios del imaginario latinoamericano. Propuestas de geopoética. La Habana: Arte y Literatura, 2002.
Altuna, Elena, Reseña de: Carlos García Bedoya, La literatura peruana en el período de la estabilización colonial. RCLL. Año XXVII, Nº 54. Lima-Hanover, segundo semestre del 2001.
AA.VV., La periodización de la literatura argentina. Problemas, criterios, autores, textos. Actas del IV Congreso Nacional de Literatura Argentina, Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, 1989.
Jitrik, Noé, “Productividad de la crítica”, en: La crítica literaria en la Argentina. Revista La Biblioteca, 4-5, Buenos Aires, 2006.
Lagmanovich, David, “Notas sobre periodización”, en Oficio crítico. Notas de introducción a la literatura hispanoamericana. Washington: Interamer, 1994.
Panessi, Jorge, “Rojas, Viñas y yo”, en: La crítica literaria en la Argentina, Revista “La Biblioteca”, 4-5, Buenos Aires, 2006.
Santos, Susana, “Apuntes acerca de las historias literarias nacionales”, en: AAVV, Nuevos territorios de la literatura latinoamericana. Buenos Aires: UBA, Facultad de Filosofía y Letras, 1997.
Santos, Susana, “Historias de la historia. Simpatías y diferencias del proyecto de Capítulo en la historiografía de la literatura argentina”, en: Bueno, Mónica y M. A. Taronches (coord.), Centro Editor de América Latina. Capítulos para una historia. Buenos Aires: Siglo XXI, 2006.
Vázquez, María Celia, “Historias de la literatura argentina”, en: Vázquez, María Celia y Sergio Pastormerlo (comp), Literatura Argentina. Perspectivas de fin de siglo. Buenos Aires: Eudeba, 2001.
II.
Altamirano, Carlos, Director, Términos críticos de sociología de la cultura. Buenos Aires: Paidós, 2002.
Arfuch, Leonor, El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007.
Corona Martínez, Cecilia, “Las memorias del ’80: estrategias y confluencias de la voz generacional”, en: Escribas. Revista de la Escuela de Letras. Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, Facultad de Humanidades, 2000.
Batticuore, Graciela, El taller de la escritora. Veladas Literarias de Juana Manuela Gorriti: Lima-Buenos Aires (1876/7-1892). Rosario: Beatriz Viterbo, 1999.
Corbata, Jorgelina, “Lo que va de ayer a hoy: releyendo a Beatriz Sarlo”, en: Feminismo y escritura femenina en Latinoamérica. Buenos Aires: Corregidor, 2002.
Efrón, Analía, Juana Gorriti. Una biografía íntima. Buenos Aires: Sudamericana, 1998.
Fernández, Carolina, “Las Causeries de Mansilla: entre la épica y el detalle”, en: Arpes, Marcela y Nora Ricaud (comp), Encuentro de la literatura argentina con el discurso crítico. XII Congreso Nacional de Literatura Argentina, Universidad Nacional de la Patagonia Austral, 2005.
Forastelli, Fabricio, “Lucio V. Mansilla y lo autobiográfico: acciones contra la autoridad”, en: Legaz, María Elena (coord.), Desde la niebla. Sobre lo autobiográfico en la Literatura Argentina. Córdoba: Alción, 2000.
Ghiano, Juan Carlos, “Lucio Victorio Mansilla”, en: Mansilla, Lucio, Mis Memorias (Infancia-Adolescencia). Buenos Aires: Hachette, 1955.
Giordano, Alberto, “Unos días en la vida de Ángel Rama”. Revista Estudios 22/23, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 2003.
Gómez, Juan G., “Ángel Rama: de la cultura de la resistencia a la renovación de la crítica en América Latina”, en: Argumentos. Sociología de la literatura, Núms. 10/11/12/13, Bogotá, 1987.
Kirkpatrick, Susan, “Escribiendo el yo para otro”, en: Las románticas. Escritoras y subjetividad en España, 1835-1850. Madrid: Cátedra, 1989.
Klein, Eva, “Aspectos de un malestar: Ángel Rama y su Diario”, Revista Estudios 22/23, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 2003.
Lecuna, Vicente, “La Caracas iletrada: a partir del Diario de Ángel Rama”, Revista Estudios 22/23, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 2003.
Molloy, Sylvia, “Imagen de Mansilla”, en: Ferrari, Gustavo y Ezequiel Gallo (comp.) La Argentina del ochenta al centenario. Buenos Aires: Sudamericana, 1980.
Molloy, Sylvia, Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica. México: FCE, 1996.
Moraña, Mabel (ed.), Ángel Rama y los estudios latinoamericanos. Pittsburgh: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 1997.
Poblete, Juan, “El Diario de Ángel Rama: el exilio intelectual y el intelectual en el exilio”, Revista Estudios 22/23, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 2003.
Podlubne, Judith, “El pensamiento de la crítica (Beatriz Sarlo y Horacio González)”, en: Boletín/ 6, Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria, Universidad Nacional de Rosario, 1998.
Popolizio, Enrique, Vida de Lucio V. Mansilla. Buenos Aires: Pomaire, 1985.
Porras, María del Carmen, “Actualidad de una mirada crítica: el Diario 1974-1983 de Ángel Rama”, Revista Estudios 22/23, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 2003.
Prieto, Adolfo, “Conflictos de generaciones”, en AA. VV, América Latina en su literatura. México: Siglo XXI, 1979.
Prieto, Adolfo, La literatura autobiográfica argentina. Buenos Aires: CEAL, 1982.
Ricoeur, Paul, “La vida: un relato en busca de narrador”, en Educación y Cultura, Buenos Aires: Docencia, 1986.
Royo, Amelia (Comp), Juanamanuela, mucho papel. Salta: Ediciones del Robledal, 1999.
Salerno, Malvina, “Mis Memorias de Lucio V. Mansilla: el otro lado del espejo”, en: Minellono, María (comp.), Las tensiones de los opuestos. Libros y autores de la literatura argentina del ’80. Buenos Aires: Nueva Visión, 2004.
Viñas, David, “Mansilla: clase social, público y clientela”, en: Literatura argentina y realidad política, Tomo I. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. 1994.
Weintraub, Karl, La autobiografía y sus problemas teóricos. Revista Anthropos. Nº 29, Barcelona, Diciembre de 1991.
III
Altamirano, Carlos y Beatriz Sarlo, “La Argentina del Centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos” en Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia, Buenos Aires: Ariel, 1997
Arias Saravia, Leonor, Argentina en clave de metáfora, Buenos Aires: Corregidor, 2000
Gálvez, Manuel, El diario de Gabriel Quiroga, Buenos Aires, Taurus, 2001.
Gramuglio, María Teresa, “Estudio preliminar” a Gálvez, Manuel, El diario de Gabriel Quiroga, Buenos Aires: Taurus, 2001.
Gramuglio, María Teresa, “Novela y nación en el proyecto literario de Manuel Gálvez” en Jitrik, Noé (Dir.), Historia crítica de la literatura argentina, El imperio realista, Tomo VI, Buenos Aires: Emecé, 2002.
Kaliman, Ricardo: Alhajita es tu canto. El capital simbólico de Atahualpa Yupanqui. Universidad Nacional de Tucumán: IHPA. 2004.
Laffogue, Jorge y Rivera, Jorge, “Manuel Gálvez y la tradición realista”, en Historia de la literatura argentina, Tomo III, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1980.
Ortíz, Fernando, Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar. Caracas: Monte Ávila Ayacucho, 1978.
Salazar Bondy, Sebastián, Lima, la horrible. México: Era, 1974.
IV.
Capanna, Pablo (comp.): El cuento argentino de ciencia ficción (Antología), Buenos Aires: Nuevo Siglo, 1995.
Deleuze, Gilles y Guattari, Félix, Kafka. Por una literatura menor. México: Era, 1990.
Eco, Humberto, Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas, Barcelona: Lumen, 1968.
Gociol, J. y D. Rosemberg, La historieta argentina. Una historia, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2000.
Oesterheld, Héctor , El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción, Buenos Aires: Colihue, 1996.
Rivera, Jorge, “Las literaturas ‘marginales’”, en Historia de la literatura argentina, Tomo V, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1982.


Dra. Elena Altuna
Mg. Amelia Royo
Esp. Rafael Gutiérrez
Prof. Teresita Martínez
Est. Alejandra López

martes 2 de septiembre de 2008

INTELECTUALES

Les comento que se editó y se encuentra a la venta, el primer tomo de la Historia de los intelectuales en América Latina que bajo la dirección de Carlos Altamirano publicada por Katz editores.
Aunque Uds. no lo crean cuando realmente versa sobre América Latina ya que incluye el Caribe y Brasil, algo bastante inusual en la producción de la América de raíz hispánica.
Comparto la Introduccion general a la obra por Carlos Arltamirano y la Introducción al primer tomo que realiza Jorge Myers.
Introducción general
Carlos Altamirano
Las élites culturales han sido actores importantes de la historia de América Latina. Procediendo como bisagras entre los centros que obraban como metrópolis culturales y las condiciones y tradiciones locales, ellas desempeñaron un papel decisivo no sólo en el dominio de las ideas, del arte o de la literatura del subcontinente, es decir, en las actividades y las producciones reconocidas como culturales, sino también en el dominio de la historia política. Si se piensa en el siglo XIX, no podrían describirse adecuadamente ni el proceso de la independencia, ni el drama de nuestras guerras civiles, ni la construcción de los estados nacionales, sin referencia al punto de vista de los hombres de saber, a los letrados, idóneos en la cultura escrita y en el arte de discutir y argumentar. Según las circunstancias, juristas y escritores pusieron sus conocimientos y sus competencias literarias al servicio de los combates políticos, tanto en las polémicas como en el curso de las guerras, a la hora de redactar proclamas o de concebir constituciones, actuar de consejeros de quienes ejercían el poder político o ejercerlo en persona. La poesía, con pocas excepciones, fue poesía cívica.El vasto cambio social y económico que posteriormente, en el último tercio del siglo XIX, incorporó a los países latinoamericanos a la órbita de la modernización capitalista, existió antes, como aspiración e imagen idealizada del porvenir, en los escritos de las élites modernizadoras. La marcha hacia el progreso tomó diferentes vías políticas, desde la fórmula del gobierno fuerte a la república oligárquica más o menos liberal, pero todas contaron con su gente de saber y sus publicistas. Había que unificar el Estado y consolidar su dominio sobre el territorio que cada nación hispanoamericana reclamaba como propio, redactar códigos e impulsar la educación pública. Esas tareas no pudieron llevarse adelante sin la cooperación de "competentes", nativos o extranjeros, que pudieran producir y ofrecer conocimientos, sean legales, geográficos, técnicos o estadísticos. Tampoco sin quienes pudieran suministrar discursos de legitimación destinados a engendrar la alianza incondicional de los ciudadanos con "su" Estado -narrativas de la patria, de la identidad nacional, del pueblo en lucha por la nación en los campos de batalla-. Brasil, cuya independencia no había conocido las rupturas ni las vicisitudes de sus vecinos, se puso institucionalmente a la par del resto de los países latinoamericanos en 1891, al adoptar el modelo de la república y dejar atrás el orden monárquico.
En el siglo XX la situación y el papel de las élites culturales varió de un país al otro, según las vicisitudes de la vida política nacional, la complejización creciente de la estructura social y la ampliación de la gama de los productores y los productos culturales. Pero, hablando en términos generales, digamos que desde fines del siglo anterior los indicios de diferenciación entre esfera política y esfera cultural se harían cada vez más evidentes y que la división del trabajo comenzó a desgastar los lazos tradicionales entre los hombres de pluma y la vida política. El desarrollo de la instrucción pública amplió el mercado de lectores y poco a poco comenzó a germinar aquí y allá una industria editorial. Pero la literatura, al menos la literatura de y para el público cultivado, no se transformó por ello en una profesión -seguiría siendo una ocupación que no daba dinero- y los empleos más frecuentes para quienes quisieran vivir de la escritura o del conocimiento disciplinado en estudios formales fueron el periodismo, la diplomacia y la enseñanza. Nuestros países ingresaron con retraso en el mundo moderno y culturalmente continuaron desempeñando el papel de provincias de las grandes metrópolis, sobre todo de las europeas, que funcionaban como focos de creación y prestigio de donde provenían las ideas y los estilos inspiradores. América había llegado tarde al banquete de la civilización europea, según afirmó en 1936 Alfonso Reyes, en una fórmula que se haría célebre porque resumía un sentimiento generalizado en las élites culturales de América Latina. No obstante, aunque lejos de los centros en que se inventaban las doctrinas y se experimentaban las nuevas formas, hemos tenido, como en otras partes, hombres de letras aplicados a la legitimación del orden e intelectuales críticos del poder, vanguardias artísticas y vanguardias políticas surgidas de las aulas universitarias.
El APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), fundada en México en 1924 por un líder del movimiento estudiantil peruano, Haya de la Torre, es sólo el ejemplo más logrado, pero no el único, de esas vanguardias políticas que estimuló a lo largo de América Latina el movimiento de la Reforma Universitaria. Las revoluciones del siglo XX en América Latina -la de México en 1910 y la de Cuba en 1959- interpelaron a los intelectuales y conmovieron sus modos de pensar y de actuar, pero no sólo en esos países sino a lo largo de todo el subcontinente. No resulta difícil, en suma, identificar la labor de estas figuras. Sin embargo, aunque sabemos bastante de sus ideas, no contamos con una historia de la posición de los hombres de ideas en el espacio social, de sus asociaciones y sus formas de actividad, de las instituciones y los campos de la vida intelectual, de sus debates y de las relaciones entre "poder secular" y "poder espiritual", para hablar como Auguste Comte.
Hay excelentes estudios sobre casos nacionales, por cierto, y Brasil y México son los países que llevan la delantera en este terreno, pero carecemos de una historia general.
'Introducción al volumen 1.
Los intelectuales latinoamericanos desde la colonia hasta el inicio del siglo XX: problemáticas y argumentos' Jorge Myers.
Una pregunta central preside este primer volumen de la 'Historia de los intelectuales en América Latina': ¿en qué consistió ser un "intelectual" en América Latina antes de comienzos del siglo XIX? Ella no sólo recorre todos los trabajos aquí reunidos, sino que organiza la propia estructura de este tomo. Sólo un análisis que privilegie la relación entre el contexto sociocultural de una época dada y los significados posibles que podían emerger de ese contexto podrá dar nacimiento a una historia 'coherente, persuasiva', del particular desarrollo de la actividad de los expertos en el manejo de la palabra escrita (o de las técnicas retóricas para el dominio del discurso oral docto) en esta región del planeta.
Ese contexto estuvo marcado en su origen por un hecho decisivo: la profunda ruptura cultural efectuada por el sometimiento -mediante una guerra de conquista- a sus invasores europeos de los habitantes autóctonos del continente americano. La historia americana posee raíces profundas que en el caso de las sociedades mesoamericanas y peruanas se remontan a muchos siglos antes del comienzo de la era cristiana: en la medida en que aquellas sociedades cuyos instrumentos de escritura eran relativamente desarrollados -los pueblos maya, los mixtecas, los zapotecas, los nahuas- han sido estudiadas con profundidad cada vez mayor, la antigüedad profunda de la historia americana no ha podido dejar de tornarse más evidente.
El hecho de que la historia de la región que luego de la conquista se convertiría -lenta y contradictoriamente- en "América Latina" no comienza con la llegada de los europeos es hoy un punto de partida ineludible para cualquier historiador. La particular textura que adquirió aquella ruptura entre el universo cultural habitado por los pueblos indígenas -con sus formas políticas, religiosas, "económicas" propias, con sus lenguas, sus hábitos y sus creencias también propios- y el nuevo universo cultural conformado por la imposición de formas políticas, religiosas, económicas o culturales originadas en la región ibérica de Europa ha sido y sigue siendo materia de controversia: ¿cuánto de cambio radical y cuánto de continuidad y permanencia hubo? Por un lado, las culturas nativas no sólo no desaparecieron con la llegada de los europeos, sino que en ciertas regiones -es el caso de la "lingua geral" hablada por los primeros pobladores portugueses del litoral paulista y carioca, es también el caso del bilingüismo paraguayo y de otras zonas del continente- la cultura indígena supo imponerse (al menos durante las primeras épocas de la colonización) a la de los conquistadores. Por otro lado, aun cuando en gran parte de las tierras de conquista la cultura ibérica se convirtió en hegemónica por decisión de sus nuevos señores -militares, civiles y eclesiásticos-, con sus lenguas y sus prácticas sociales y religiosas, las culturas autóctonas ejercieron una sistemática resistencia a aquella tarea de transformación cultural, y a veces demostraron una asombrosa capacidad de supervivencia bajo condiciones de vida por cierto deplorables.
La historia de los intelectuales latinoamericanos no puede prescindir, por ende, ni del legado de las civilizaciones precolombinas ni de la continuada presencia indígena en el seno de las nuevas sociedades surgidas del hecho de la conquista -una presencia que en regiones como las de Nueva España/México o el Altiplano peruano ha sido contundente hasta el presente-. Sostener, como algunos historiadores tradicionalistas lo han hecho, que la cultura intelectual latinoamericana existe en una relación de perfecta continuidad con la tradición medieval de los pueblos de la península ibérica resulta hoy una posición, cuando menos, poco convincente.
No es, sin embargo, posible reconstruir la historia sistemática de los "intelectuales" -es decir, de los expertos en el manejo de los recursos simbólicos- de aquellas sociedades precolombinas debido al simple (y lamentable) hecho de la insuficiencia del registro escrito que de ellas ha perdurado. Aun en aquellos casos en los que han llegado hasta nosotros ciertas huellas escritas acerca de su historia -los glifos mayas, cuyo desciframiento ha avanzado velozmente en las últimas décadas, o los códices pictográficos de los pueblos de Oaxaca y del valle central de México-, la evidencia que le ofrecen al historiador es demasiado fragmentaria como para permitir otra cosa que una historia eminentemente "especulativa" de sus pensadores y sus poetas. Es ésta la razón por la cual esta 'Historia de los intelectuales en América Latina' se abre con la conquista y la posterior colonización ibérica de las tierras americanas: sin ninguna intención de negar la importancia del legado precolombino ni la ininterrumpida presencia hasta el presente de las culturas indígenas (y de las africanas, transportadas a esta región por el vehículo de la esclavitud), el análisis de las prácticas culturales asumidas por los expertos de la palabra durante el régimen colonial se ha concentrado casi exclusivamente en aquéllas desarrolladas por españoles y portugueses.

viernes 15 de agosto de 2008

SIMPOSIO DEL VINO


Sí, señor, sí señor.
El vino puede sacar cosas
que el hombre se calla
que deberían salir
cuando el hombre bebe agua.

Va buscando pecho adentro
por los silencios del alma
y les va poniendo voces
y los va haciendo palabras.

A veces saca una pena
que por ser pena es amarga,
sobre su palco de fuego
la pone a bailar descalza
baila y bailando se crece
hasta que el vino se acaba
y entonces vuelve la pena a ser
silencio del alma

Si señor
el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla

Cosas que queman por dentro
cosas que pudren el alma
de los que bajan los ojos
de los que esconden la cara

el vino entonces libera
la valentía encerrada
y los disfraza de machos
como por arte de magia
y entonces son bravucones
hasta que el vino se acaba
pues del matón al cobarde
solo media la resaca

Si señor
el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla

Cambia el prisma de las cosas
cuando más les hace falta
a los que llevan sus culpas
como una cruz en la espalda
la impura se piensa pura
como cuando era muchacha

y el astado regatea
la medida de su drama
y todo tiene colores
de castidad simulada
pues siempre acaban el vino los dos
en la misma cama


Si señor
el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla

¡Pero qué lindo es el vino!
el que se bebe en la casa
del que está limpio por dentro y tiene
y tiene brillando el alma

que nunca le tiembla el pulso cuando pulsa una guitarra
que no le falta un amigo ni noches para gastarlas
que cuando tiene un pecado siempre se le nota en la cara
que bebe el vino por vino y bebe el agua por agua.

jueves 26 de junio de 2008

LA ISLA EN PESO

VIRGILIO PIÑERA
(Poema fechado en 1943-1944)

La maldita circunstancia del agua por todas partes
me obliga a sentarme en la mesa del café.
Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
hubiera podido dormir a pierna suelta.
Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar
doce personas morían en un cuarto por compresión.
Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua
en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones,
me acostumbro al hedor del puerto,
me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,
noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.
Una taza de café no puede alejar mi idea fija,
en otro tiempo yo vivía adánicamente.
¿Qué trajo la metamorfosis?
La eterna miseria que es el acto de recordar.
Si tú pudieras formar de nuevo aquellas combinaciones,
devolviendome el país sin el agua,
me la bebería toda para escupir al cielo.
Pero he visto la música detenida en las caderas,
he visto a las negras bailando con vasos de ron en sus cabezas.
Hay que saltar del lecho con la firme convicción
de que tus dientes han crecido,de que tu corazón te saldrá por la boca.
Aún flota en los arrecifes el uniforme del marinero ahogado.
Hay que saltar del lecho y buscar la vena mayor del mar para desangrarlo.
Me he puesto a pescar esponjas frenéticamente,
esos seres milagrosos que pueden desalojar hasta la última gota de agua
y vivir secamente.
Esta noche he llorado al conocer a una anciana
que ha vivido ciento ocho años rodeada de agua por todas partes.
Hay que morder, hay que gritar, hay que arañar.
He dado las últimas instrucciones.
El perfume de la piña puede detener a un pájaro.
Los once mulatos se disputaban el fruto,
los once mulatos fálicos murieron en la orilla de la playa.
He dado las últimas instrucciones.
Todos nos hemos desnudado.

Llegué cuando daban un vaso de aguardiente a la virgen bárbara,
cuando regaban ron por el suelo y los pies parecían lanzas,
justamente cuando un cuerpo en el lecho podría parecer impúdico,
justamente en el momento en que nadie cree en Dios.
Los primeros acordes y la antigüedad de este mundo:
hieráticamente una negra y una blanca y el líquido al saltar.
Para ponerme triste me huelo debajo de los brazos.
Es en este país donde no hay animales salvajes.
Pienso en los caballos de los conquistadores cubriendo a las yeguas,
pienso en el desconocido son del areíto
desaparecido para toda la eternidad,
ciertamente debo esforzarme a fin de poner en claro
el primer contacto carnal en este país, y el primer muerto.
Todos se ponen serios cuando el timbal abre la danza.
Solamente el europeo leía las meditaciones cartesianas.
El baile y la isla rodeada de agua por todas partes:
plumas de flamencos, espinas de pargo, ramos de albahaca, semillas de aguacate.
La nueva solemnidad de esta isla.
¡País mío, tan joven, no sabes definir!
¿Quien puede reír sobre esta roca fúnebre de los sacrificios de gallos?
Los dulces ñáñigos bajan sus puñales acompasadamente.
Como una guanábana un corazón puede ser traspasado sin cometer crimen,
sin embargo el bello aire se aleja de los palmares.
Una mano en el tres puede traer todo el siniestro color de los caimitos
más lustrosos que un espejo en el relente,
embargo el bello aire se aleja de los palmares.
Si hundieras los dedos en su pulpa creerías en la música.
Mi madre fue picada por un alacrán cuando estaba embarazada.
¿Quién puede reír sobre esta roca de los sacrificios de gallos?
¿Quién se tiene a sí mismo cuando las claves chocan?
¿Quién desdeña ahogarse en la indefinible llamarada del flamboyán?
La sangre adolescente bebemos en las pulidas jícaras.
Ahora no pasa un tigre sino su descripción.
Las blancas dentaduras perforando la noche,
y también los famélicos dientes de los chinos esperando el desayuno
después de la doctrina cristiana.Todavía puede esta gente salvarse del cielo,
pues al compás de los himnos las doncellas agitan diestramente
los falos de los hombres.
La impetuosa ola invade el extenso salón de las genuflexiones.
Nadie piensa en implorar, en dar gracias, en agradecer, en testimoniar.
La santidad se desinfla en una carcajada.
Sean los caóticos símbolos del amor los primeros objetos que palpe,
afortunadamente desconocemos la voluptuosidad y la caricia francesa,
desconocemos el perfecto gozador y la mujer pulpo,
desconocemos los espejos estratégicos,
no sabemos llevar la sífilis con la reposada elegancia de un cisne,
desconocemos que muy pronto vamos a practicar estas mortales elegancias.
Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical,
en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,
los cuerpos abriendo sus millones de ojos,
los cuerpos, dominados por la luz, se replieganante el asesinato de la piel,
los cuerpos, devorando oleadas de luz, revientan como girasoles de fuego
encima de las aguas estáticas,
los cuerpos, en las aguas, como carbones apagados derivan hacia el mar.
Es la confusión, es el terror, es la abundancia,
es la virginidad que comienza a perderse.
Los mangos podridos en el lecho del río ofuscan mi razón,
y escalo el árbol más alto para caer como un fruto.
Nada podría detener este cuerpo destinado a los cascos de los caballos,
turbadoramente cogido entre la poesía y el sol.
Escolto bravamente el corazón traspasado,
clavo el estilete más agudo en la nuca de los durmientes.
El trópico salta y su chorro invade mi cabeza
pegada duramente contra la costra de la noche.
La piedad original de las auríferas arenas
ahoga sonoramente las yeguas españolas,
la tromba desordena las crines más oblicuas.
No puedo mirar con estos ojos dilatados.
Nadie sabe mirar, contemplar, desnudar un cuerpo.
Es la espantosa confusión de una mano en lo verde,
los estranguladores viajando en la franjas del iris.
No sabría poblar de miradas el solitario curso del amor.
Me detengo en ciertas palabras tradicionales:
el aguacero, la siesta, el cañaveral, el tabaco,
con simple ademán, apenas si onomatopéyicamente,
titánicamente paso por encima de su música,
y digo: el agua, el mediodía, el azúcar, el humo.
Yo combino:
el aguacero pega en el lomo de los caballos,
la siesta atada a la cola de un caballo,
el cañaveral devorando a los caballos,
los caballos perdiéndose sigilosamente
en la tenebrosa emanación del tabaco,
el último gesto de los siboneyes mientras el humo pasa por la horquilla
como la carreta de la muerte,
el último ademán de los siboneyes,
y cavo esta tierra para encontrar los ídolos y hacerme una historia.
Los pueblos y sus historias en boca de todo el pueblo.
De pronto, el galeón cargado de oro se mete en la boca
de uno de los narradores,
y Cadmo, desdentado, se pone a tocar el bongó.
La vieja tristeza de Cadmo y su perdido prestigio:
en una isla tropical los últimos glóbulos rojos de un dragón
tiñen con imperial dignidad el manto de una decadencia.
Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol,
las eternas historias de estas tierras paridoras de bufones y cotorras,
las eternas historias de los negros que fueron,
y de los blancos que no fueron,o al revés o como os parezca mejor,
las eternas historias blancas, negras, amarillas, rojas, azules-
toda la gama cromática reventando encima de mi cabeza en llamas-,
la eterna historia de la cínica sonrisa del europeo
llegado para apretar las tetas de mi madre.
El horroroso paseo circular,
el tenebroso juego de los pies sobre la arena circular,
el envenado movimiento del talón que rehúye el abanico del erizo,
los siniestros manglares, como un cinturón canceroso,
dan la vuelta a la isla,los manglares y la fétida arena
aprietan los riñones de los moradores de la isla.
Sólo se eleva un flamenco absolutamente.
¡Nadie puede salir, nadie puede salir!
La vida del embudo y encima la nata de la rabia.
Nadie puede salir:
el tiburón más diminuto rehusaría transportar un cuerpo intacto.
Nadie puede salir:una uva caleta en la frente de la criolla
que se abanica lánguida en una mecedora
y "nadie puede salir" termina espantosamente en el choque de las claves
Cada hombre comiendo fragmentos de la isla,
cada hombre devorando los frutos, las piedras y el excremento nutridor,
cada hombre mordiendo el sitio dejado por su sombra,
cada hombre lanzando dentelladas en el vacío donde el sol se acostumbra,
cada hombre, abriendo su boca como una cisterna, embalsa el agua del mar,
pero como el caballo del barón de Munchausen
la arroja patéticamente por su cuarto trasero,
cada hombre en el rencoroso trabajo de recortar
los bordes de la isla más bella del mundo,
cada hombre tratando de echar a andar a la bestia cruzada de cocuyos.
Pero a bestia es perezosa como un bello macho
y terca como una hembra primitiva.
Verdad es que la bestia atraviesa diariamente los cuatro momentos caóticos,
los cuatro momentos en que se la puede contemplar
-con la cabeza metida entre sus patas- escrutando el horizonte con ojo atroz,
los cuatro momentos en que se abre el cáncer:
madrugada, mediodía, crepúsculo y noche.
Las primeras gotas de una lluvia áspera golpean su espalda
hasta que la piel toma la resonancia de dos maracas pulsadas diestramente.
En este momento, como una sábana o como un pabellón de tregua,
podría desplegarse un agradable misterio,
pero la avalancha de verdes lujuriosos ahoga los mojados sones,
y la monotonía invade el envolvente túnel de las hojas.
El rastro luminoso de un sueño mal parido,
un carnaval que empieza con el canto del gallo,
la neblina cubriendo con su helado disfraz el escándalo de la sabana,
cada palma derramándose insolente en un verde juego de aguas,
perforan, con un triángulo incandescente, el pecho de los primeros aguadores,
y la columna de agua lanza sus vapores a la cara del sol cosida por un gallo.
Es la hora terrible.
Los devoradores de neblina se evaporan
hacia la parte más baja de la ciénaga,
y un caimán los pasa dulcemente a ojo.
Es la hora terrible.
La última salida de la luz de Yaraempuja los caballos contra el fango.
Es la hora terrible.
Como un bólido la espantosa gallina cae,
y todo el mundo toma su café.
¿Pero qué puede el sol en un pueblo tan triste?
Las faenas del día se enroscan al cuello de los hombres
mientras la leche cae desesperadamente.
¿Qué puede el sol en un pueblo tan triste?
Con un lujo mortal los macheteros abren grandes claros en el monte,
la tristísima iguana salta barrocamente en un caño de sangre,
los macheteros, introduciendo cargas de claridad, se van ensombreciendo
hasta adquirir el tinte de un subterráneo egipcio.
¿Quién puede esperar clemencia en esta hora?
Confusamente un pueblo escapa de su propia piel
adormeciéndose con la claridad,
la fulminante droga que puede iniciar un sueño mortal
en los bellos ojos de hombres y mujeres,
en los inmensos y tenebrosos ojos de estas gentes
por los cuales la piel entra a no sé qué extraños ritos.
La piel, en esta hora, se extiende como un arrecife
y muerde su propia limitación,
la piel se pone a gritar como una loca, como una puerca cebada,
la piel trata de tapar su claridad con pencas de palma,
con yaguas traídas distraídamente por el viento,
la piel se tapa furiosamente con cotorras y pitahayas,
absurdamente se tapa con sombrías hojas de tabaco
y con restos de leyendas tenebrosas,
y cuando la piel no es sino una bola oscura,
la espantosa gallina pone un huevo blanquísimo.
¡Hay que tapar! ¡Hay que tapar!
Pero la claridad avanzada, invadeperversamente, oblicuamente, perpendicularmente,
la claridad es una enorme ventosa que chupa la sombra,
y las manos van lentamente hacia los ojos.
Los secretos más inconfesables son dichos:
la claridad mueve las lenguas,
la claridad mueve los brazos,
la claridad se precipita sobre un frutero de guayabas,
la claridad se precipita sobre los negros y los blancos,
la claridad se golpea a sí misma,va de uno a otro lado convulsivamente,
empieza a estallar, a reventar, a rajarse,
la claridad empieza el alumbramiento más horroroso,
la claridad empieza a parir claridad.
Son las doce del día.
Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.
Al mediodía el monte se puebla de hamacas invisibles,
y, echados, los hombres semejan hojas a la deriva sobre aguas metálicas.
En esta hora nadie sabría pronunciar el nombre más querido,
ni levantar una mano para acariciar un seno;
en esta hora del cáncer un extranjero llegado de playas remotas
preguntaría inútilmente qué proyectos tenemos
o cuántos hombres mueren de enfermedades tropicales en esta isla.
Nadie lo escucharía: las palmas de las manos vueltas hacia arriba,
los oídos obturados por el tapón de la somnolencia,
los poros tapiados con la cera de un fastidio elegante
y de la mortal deglución de las glorias pasadas.
¿Dónde encontrar en este cielo sin nubes el trueno
cuyo estampido raje, de arriba a abajo, el tímpano de los durmientes?
¿Qué concha paleolítica reventaría con su bronco cuerno
el tímpano de los durmientes?
Los hombres-conchas, los hombres-macaos, los hombres-túneles.
¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!
¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!
Como la luz o la infancia aún no tienes un rostro.
De pronto el mediodía se pone en marcha,
se pone en marcha dentro de sí mismo,
el mediodía estático se mueve, se balancea,
el mediodía empieza a elevarse flatulentamente,
sus costuras amenazan reventar,
el mediodía sin cultura, sin gravedad, sin tragedia,
el mediodía orinando hacia arriba,
orinando en sentido inverso a la gran orinada
de Gargantúa en las torres de Notre Dame,
y todas esas historias, leídas por un isleño que no sabe
lo que es un cosmos resuelto.
Pero el mediodía se resuelve en crepúsculo y el mundo se perfila.
A la luz del crepúsculo una hoja de yagruma ordena su terciopelo,
su color plateado del envés es el primer espejo.
La bestia lo mira con su ojo atroz.
En este trance la pupila se dilata, se extiende
hasta aprehender la hoja.
Entonces la bestia recorre con su ojo las formas sembradas en su lomo
y los hombres tirados contra su pecho.
Es la hora única para mirar la realidad en esta tierra.
No una mujer y un hombre frente a frente,
sino el contorno de una mujer y un hombre frente a frente,
entran ingrávidos en el amor,
de tal modo que Newton huye avergonzado.
Una guinea chilla para indicar el angelus:
abrus precatorious, anona myristica, anona palustris.
Una letanía vegetal sin trasmundo se eleva
frente a los arcos floridos del amor:
Eugenia aromática, eugenia fragrans, eugenia plicatula.
El paraíso y el infierno estallan y sólo queda la tierra:
Ficus religiosa, ficus nitida, ficus suffocans.
La tierra produciendo por los siglos de los siglos:
Panicum colonum, panicum sanguinale, panicum maximum.
El recuerdo de una poesía natural, no codificada, me viene a los labios:
Arbol de poeta, árbol del amor, árbol del seso.
Una poesía exclusivamente de la boca como la saliva:
Flor de calentura, flor de cera, flor de la Y.
Una poesía microscópica:
Lágrimas de Job, lágrimas de Júpiter, lágrimas de amor.
Pero la noche se cierra sobre la poesía y las formas se esfuman.
En esta isla lo primero que la noche hace es despertar el olfato:
Todas las aletas de todas las narices azotan el aire
buscando una flor invisible;
la noche se pone a moler millares de pétalos,
la noche se cruza de paralelos y meridianos de olor,
los cuerpos se encuentran en el olor,
se reconocen en este olor único que nuestra noche sabe provocar;
el olor lleva la batuta de las cosas que pasan por la noche,
el olor entra en el baile, se aprieta contra el güiro,
el olor sale por la boca de los instrumentos musicales,
se posa en el pie de los bailadores,
el corro de los presentes devora cantidades de olor,
abre la puerta y las parejas se suman a la noche.
La noche es un mango, es una piña, es un jazmín,
noche es un árbol frente a otro árbol sin mover sus ramas,
la noche es un insulto perfumado en la mejilla de la bestia;
una noche esterilizada, una noche sin almas en pena,
sin memoria, sin historia, una noche antillana;
una noche interrumpida por el europeo,
el inevitable personaje de paso que deja su cagada ilustre,
a lo sumo, quinientos años, un suspiro en el rodar de la noche antillana,
una excrecencia vencida por el olor de la noche antillana.
No importa que sea una procesión, una conga,una comparsa, un desfile.
La noche invade con su olor y todos quieren copular.
El olor sabe arrancar las máscaras de la civilización,
sabe que el hombre y la mujer se encontrarán sin falta en el platanal.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!
No hay que ganar el cielo para gozarlo,
dos cuerpos en el platanal valen tanto como la primera pareja,
odiosa pareja que sirvió para marcar la separación.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!
No queremos potencias celestiales sino presencias terrestres,
la tierra nos ampare, que nos ampare el deseo,
felizmente no llevamos el cielo en la masa de la sangre,
sentimos su realidad
la comunicación de la lluvia al golpear nuestras cabezas.
Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,
un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:
un velorio, un guateque, una mano, un crimen,
revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,
haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,
un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,
sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

lunes 16 de junio de 2008

FORO INTERNACIONAL EN EL CHACO


13° Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura
Educación y Lectura a la puerta del Bicentenario
13 al 16 de agosto de 2008.
En el Complejo Cultural Guido Miranda - Resistencia, Chaco, Argentina
Este encuentro, que se realiza desde 1996 en el Chaco, convoca a especialistas en promoción de la lectura, académicos, escritores e intelectuales de varios países y de casi todas las provincias argentinas, en particular del Nordeste.
Como todos los años, se realizarán 6 mesas plenarias en el Teatro Guido Miranda, generalmente colmado de un público compuesto mayoritariamente por docentes, bibliotecarios y estudiantes, mientras toda la ciudad lee en calles, escuelas y plazas durante cuatro días.
Con las ya legendarias Abuelas Cuentacuentos chaqueñas en las escuelas, y con los poetas y narradores invitados, el Foro es un verdadero festival de la lectura.
Este año, entre las personalidades invitadas estarán reconocidos escritores como Laura Antillano (la mayor personalidad de la literatura infantil de Venezuela), el novelista colombiano Óscar Collazos, el mexicano Sealtiel Alatriste y el español Alfonso García Rodríguez (Premio Fomento de la Lectura).
Asimismo, entre las personalidades argentinas se cuentan Luis Pescetti, Guillermo Saccomano, Ángela Pradelli, Angélica Gorodischer, Noé Jitrik, Tununa Mercado, Pedro Mairal, Patricia Sagastizábal y Cristina Bajo, entre otros. Y habrá más de 15 talleres gratuitos a cargo de destacados especialistas como Susana Allori, Graciela Bialet, Carlos Silveyra, Gerardo Ciriani, Alicia Dieguez, Angela Gentile, Marta Grane, Orlando van Bredam, Ana Padovani, así como Jimena Rojas (de Cartagena, Colombia).
El 13º Foro será, como siempre, de entrada libre y gratuita. Solamente se cobrará un módico arancel de $40 ($30 anticipadamente, hasta el 30 de Junio) a quienes deseen comprobación de asistencia, certificado-diploma y prioridad para escoger talleres.
Desde el 15 de Mayo se encuentra abierta la inscripción. Para más información hay que escribir a:
O en nuestra página web:
TALLERES: Se desarrollarán en dos jornadas matutinas, el jueves 14 (1ra parte) y viernes 15 (2da parte), de 9 a 12 en diversas salas de la ciudad.

1- Lectura de imágenes. El libro álbum en el jardín de infantes y en la escuela.
Por Susana Allori (CEDILIJ)
2- Literatura infantil y juvenil, criterios de selección, su inclusión en la currícula escolar, el caso del folklore infantil.
Por Graciela Bialet y Carlos Silveyra (Plan Lectura/Fundación C&A)
3- Grupo de reflexión sobre lectura y género
Por Angélica Gorodischer y Tununa Mercado
4- La aventura de leer: la creación del taller de lectura literaria para niños
Por Laura Antillano (Venezuela)
5- Narrativa Argentina como puerta de entrada a la lectura
Por Orlando Van Bredam
6- Taller para BibliotecariosDictante a confirmar
7- Taller de escritura de cuentos
Por Ángela Pradelli
8- El uso del radioteatro como excusa para la lectura en voz alta en las aulas
Por Ana Padovani
9- Lectura en Voz Alta
Por Gerardo Ciriani
10- Cruces didácticos entre Lectura y Medios de Comunicación
Por Alicia Dieguez y Angela Gentile
11- Leer y escribir en la hora de matemática
Por Cinthia Kupermann
12- Promoción de la Lectura
Por Jimena Gusberti
13- La lectura del discurso político e institucional en el nivel secundario
Por Nidia Piñeyro
14- Estrategias para estimular la creatividad de los adolescentes
Por Miguel Ángel Molfino
15- Elaboración de proyectos de fomento del libro y la lectura
Por Jimena Rojas (Cartagena, Colombia)
Fundación Mempo Giardinelli José M. Paz 355 ­ Resistencia ­ Chaco Tel. 03722 ­ 449270 - 447453

JORNADAS DE LITERATURA EN JUJUY

15, 16 y 17 de octubre de 2008
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales
Universidad Nacional de Jujuy
Otero 262 - San Salvador de Jujuy.
jornadasdelnorte2008@gmail.com
Tel: 0388 4221570
Convocatoria
Organizadas por docentes y alumnos de las carreras de Profesorado y Licenciatura en Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Jujuy, durante los días 15, 16 y 17 de octubre de 2008 se realizarán las 2as Jornadas del Norte Argentino de Estudios Literarios y Lingüísticos. El evento se llevará a cabo en la sede de la institución organizadora, sita en Otero 262, San Salvador de Jujuy.
La primera edición de estas Jornadas se realizó el año 2006 como continuación de las Jornadas de Literatura y Letras de nuestra Facultad, que se venían efectuando de forma anual y continuada desde 1999.
En aquella primera ocasión, contamos con una amplia concurrencia de docentes, investigadores y alumnos tanto de universidades de la región NOA como de otras zonas del país. Además, se produjeron interesantes debates acerca del futuro de la literatura y su enseñanza, así como de la relación entre los estudios lingüísticos y literarios y otras ramas del saber de las humanidades y ciencias sociales.
Corriendo un nuevo milenio, y a punto de cumplirse el bicentenario de la Revolución de Mayo en la Argentina, convocamos nuevamente a la comunidad universitaria argentina en general, y del NOA en particular, a participar de las 2as Jornadas del Norte Argentino de Estudios Literarios y Lingüísticos para profundizar el debate sobre la importancia de la investigación y la enseñanza de la/s lengua/s y la literatura en estos tiempos.
En el marco de las Jornadas 2008, además de dar espacio para el conocimiento de las investigaciones lingüísticas y literarias llevadas a cabo en las instituciones universitarias argentinas, insistiremos en la reflexión y el balance de nuestro rol, como docentes e investigadores de estas materias, en el contexto actual.
Formas de participación y Áreas Temáticas
Atenta a las experiencias pasadas, la Comisión Organizadora decidió abrir nuevos espacios de trabajo que garanticen mecanismos de discusión y debate de los resultados de investigación presentados. Para el mejor desarrollo de las Jornadas, se agregaron algunas innovaciones, como la organización de Simposios y la segmentación de ponencias y comunicaciones por Mesas Temáticas, nuevas dinámicas dirigidas a incentivar la participación y el debate de investigadores interesados en materias específicas. Además, se abre la posibilidad de compartir experiencias pedagógicas originales o innovadoras en la enseñanza de la/s lengua/s y la literatura en los niveles primario, secundario, terciario o universitario.
Así, las Jornadas contarán con las siguientes modalidades de participación:
1. Simposios
2. Mesas Temáticas
3. Encuentro de equipos de investigación
4. Experiencias Sistematizadas
1. Simposios:
a) Los Simposios son espacios destinados a la exposición de ponencias referidas a un eje central determinado por la Comisión Organizadora, y se proponen como ámbitos de debate y encuentro de diferentes investigaciones desarrolladas en torno a los tópicos elegidos.
b) Cada uno de ellos tendrá uno o más coordinadores, quienes cuidarán que los trabajos presentados respondan a la línea temática establecida y decidirán la aceptación de los mismos.
c) Las ponencias para participar de los simposios serán enviadas a la dirección de correo electrónico del coordinador, con los mismos plazos y modalidades que los fijados para las ponencias o comunicaciones de las Mesas Temáticas.
d) Los Simposios en estas Jornadas son tres:
1. Simposio 1: El campo literario y los bicentenarios de las independencias latinoamericanas.
Este simposio se propone presentar y discutir ponencias que aborden problemáticas referidas a las líneas fundamentales de las literaturas regionales, nacionales y continentales contemporáneas, en el marco de los procesos socio-político-culturales a doscientos años de las declaraciones de independencia en los países de América Latina.
Coordinadoras: María Eduarda Mirande – eduardamirande@arnet.com.ar
Florencia Raquel Angulo –
florenciaraquel@gmail.com
2. Simposio 2: La literatura como práctica cultural.
Este simposio se propone aglutinar trabajos que aborden el campo literario y sus manifestaciones desde las perspectivas de la semiótica de la cultura, los estudios culturales o la sociología de la cultura.
Coordinadores: Ricardo Kaliman - rikaliman@uolsinectis.com.ar
Lucas Perassi -
lucasperassi@gmail.com
3. Simposio 3: Para qué enseñar literatura (o no).
Este simposio se propone como espacio de discusión sobre el propio campo de estudio, la literatura, tratando de responder a la cuestión de cuál es el sentido de su enseñanza en la actualidad. El objetivo es analizar y replantear el campo disciplinar.
Coordinadoras: Luisa Checa –
lcheca@arnet.com.ar
Alejandra Siles –
davidam@imagine.com.ar
2. Mesas Temáticas
a) Permiten agrupar las ponencias y comunicaciones presentadas por afinidad en el tópico, de manera que facilitan la exposición de los investigadores y proporcionan un espacio para el intercambio más fluido entre los especialistas en materias afines.
b) Posibilitan abordar cuestiones no contempladas en los Simposios, aunque dentro de las temáticas de las Jornadas.
c) Los Ejes Temáticos para la conformación de las Mesas son los siguientes:
1. De las literaturas fundacionales a las escrituras actuales.
2. Memoria, identidad y cultura en la literatura del NOA.
3. La literatura y su interrelación con otros lenguajes artísticos.
4. Proyección de la cultura grecolatina en la literatura y el arte contemporáneos.
5. Cuerpos en el discurso y discursos en el cuerpo.
6. Enseñanza de lenguas y literaturas extranjeras en el NOA.
7. Variedades de la lengua y sus fenómenos.
8. El impacto de las nuevas tecnologías en el lenguaje y la comunicación.
9. Políticas editoriales públicas y privadas en el NOA.
3. Encuentro de equipos de investigación
a) Este encuentro se plantea como una forma novedosa de intercambio de información y experiencias entre equipos de investigación de universidades públicas y privadas del NOA.
b) El objetivo de esta modalidad es crear un espacio en el que sea posible conocer las diferentes líneas de investigación en literatura y lingüística en el NOA desde sus propios ejecutantes.
c) Podrán presentar trabajos los equipos que desarrollen investigaciones sobre temas literarios y/o lingüísticos en universidades públicas y privadas del NOA.
d) Los trabajos a presentar deben dar cuenta, brevemente, del trabajo de investigación que se realiza, indicando:
- tema u objeto de la investigación,
- objetivos,
- perspectiva teórico-metodológica y
- principales resultados obtenidos hasta el momento.

4. Experiencias Sistematizadas
a) Entendemos como Experiencias Sistematizadas las prácticas debidamente planificadas, ejecutadas y evaluadas, cuyos resultados merecen ser difundidos.
b) Las Experiencias deberán estar vinculadas a:
1. la enseñanza y el aprendizaje de la/s lengua/s y la literatura en los distintos niveles de educación, o
2. acciones de promoción social o comunitaria de la lectura y el libro por parte de docentes, bibliotecarios, editores, organismos públicos y privados, animadores culturales, ONG's, etc.
Plazos y modalidades de presentación
Quienes deseen participar de las Jornadas deberán enviar el resumen y la ponencia de acuerdo al siguiente detalle:
a) Resúmenes
Los resúmenes tendrán un mínimo de 250 palabras y un máximo de 400. Deberán ser enviados hasta el día viernes 11 de julio de 2008 a la dirección electrónica de las Jornadas: jornadasdelnorte2008@gmail.com o a los coordinadores de los Simposios, en caso de querer ser partícipe de uno de ellos:
Simposio 1:
eduardamirande@arnet.com.ar; florenciaraquel@gmail.com
Simposio 2:
rikaliman@uolsinectis.com.ar; lucasperassi@gmail.com
Simposio 3:
lcheca@arnet.com.ar; davidam@imagine.com.ar
Además, los resúmenes deberán ir acompañados de la Ficha de Inscripción
Apellidos y Nombres
Tipo y número de Documento
Pertenencia Institucional
Correo electrónico
Dirección postal
Teléfono
Categoría en la que se inscribe:
1. Expositor Docente o Investigador
2. Expositor Alumno
3. Asistente
Modalidad en que se inscribe
1. Simposio
2. Mesa Temática,
3. Encuentro de equipos de investigación
4. Experiencias sistematizadas
Nombre de Simposio o Mesa temática
Título del trabajo
Medios auxiliares que solicita para la presentación
Retroproyector - Proyector de video o PC - Computadora - Reproductor de audio / Cassette / CD
Resumen (250 a 400 palabras)

b) Ponencias
La fecha límite de envío de ponencias y comunicaciones completas es el 12 de septiembre de 2008 a las mismas direcciones electrónicas.
El archivo debe adjuntarse al mensaje del correo electrónico. Debe ser un archivo Word 98 o superior, nombrado con apellido y nombre del autor separados por coma sin espacio. Por ejemplo, para el autor Enrique Sosa, el archivo será:
Sosa,Enrique.doc
Las ponencias deberán tener un máximo de 8 páginas sin contar bibliografía; en tamaño A4; márgenes de 2,5 cm; interlineado 1,5; letra Times New Roman cuerpo 12.
Estas normas formales se deben a la necesidad de organizar los trabajos presentados para su publicación en las Actas de las Jornadas en CD-ROM.
No se aceptarán trabajos para ser leídos sin la presencia de al menos uno de los autores.
Costos para participar de las Jornadas:
Hasta el 11/07/2008 Desde el 11/07/2008
Expositor Docente y/o Investigador $ 100 $ 130
Expositor Alumno* $ 40 $ 50
Asistente $ 35
Asistente Estudiante* $ 20

FORMAS DE PAGO: El pago de este evento puede realizarse en Secretaría Administrativa de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, sita en Otero 262 de la ciudad de San Salvador de Jujuy; o en las sucursales del Banco de la Nación Argentina en la cuenta Nº 48820.046/92. CBU 01104886- 248820046927. En este último caso, por favor enviar copia del comprobante de depósito por fax a 0388-4221575 o por mail a
jornadasdelnorte2008@gmail.com
* Los alumnos, tanto expositores como asistentes, deberán presentar constancia que acredite su condición.